Y aquí estamos de nuevo, ¡estrenando!

Dulce María Fernández G.S.

 

Dios, que es el dueño del tiempo, nos ha hecho un gran presente: el Año 2018. Y queremos sacarle el mejor provecho, por lo que no podemos caer en la rutina ni desperdiciar ninguno de los 365 días sin realizar el o los propósitos que vamos a concretar.

Analicemos en familia –porque es útil para todos– cuáles son nuestras prioridades. Dijimos que todas son importantes, pero vamos a darle la primacía a las que realmente valen la pena para este año.

1. Ganar la vida eterna, porque “de nada te servirá ganar el mundo entero si pierdes tu alma.”

2. La vida espiritual, porque es la única manera de relacionarme con Dios a través de la oración y los sacramentos.

3. El bienestar de mi familia y el mío propio, que sólo depende del amor, la comprensión y el apoyo mutuo, a pesar de las circunstancias materiales.

4. El qué dirán, porque debo vivir con coherencia mi vida, siendo testigo fiel de Cristo, y entonces sí daré de qué hablar.

5. La salud, porque es un don que se me ha dado, y por lo tanto tengo que cuidarla, para servir mejor a Dios y a sus criaturas.

6. El trabajo fecundo y creador, que no es sólo ganar dinero. Es ser colaborador de la acción de Dios en este mundo, haciéndome una mejor persona.

Y ahora sí, vamos a hablar de sólo seis propósitos concretos, que se convertirán en DOS. Ustedes pueden elegir de esta lista los que mejor les parezcan para este año nuevo y buscar la manera de aglutinarlos en exclusivamente dos, usando su inteligencia y creatividad, que para eso nos las regaló Dios nuestro Creador. Este es el menú propuesto para elegir.

Para cumplir con las dos primeras prioridades:

Dedicar cinco minutos de nuestro día a rezar en familia, por ejemplo, bendiciendo los alimentos, rezando un misterio del Rosario, meditando en un versículo de la Biblia, haciendo un examen de nuestro comportamiento durante el día y ofreciendo a Dios nuestro descanso. (De todas estas oportunidades de acercarnos a Dios, elijan sólo una para realizarla de verdad.)

Frecuentar los sacramentos de vida: Confesión y Comunión cada vez que podamos, para mantener nuestra amistad con Dios Nuestro Señor.

Asistir en familia a Misa todos los domingos del 2018. Sólo son 52 de los 365 días del año.

Para cumplir las tres siguientes prioridades:

• Nos daremos los buenos días demostrando nuestra buena intención con un beso.

• Haremos de nuestro día el mejor del resto de nuestra vida, viviendo con coherencia para que los demás nos vean como ejemplo y digan: este sí es un verdadero cristiano.

• No usaremos los celulares durante las comidas.

• Tendremos un buen rato de conversación real, expresando nuestras alegrías y sentimientos y apoyándonos entre todos en la solución de algún problema.

• Haremos un rato de ejercicio en familia, caminando o andando en bici, o limpiando la casa.

• Nunca usaremos groserías ni malas palabras para referirnos a los demás.

• Disfrutaremos la preparación de los alimentos entre todos.

• Comamos y bebamos con moderación.

• Compartiremos nuestras posesiones con los más necesitados.

• Visitaremos en familia a alguna persona que esté sola, o enferma, o necesitada de cariño.

• Trabajaremos en hacer lo ordinario extraordinario, es decir, lo mejor que podamos, para beneficio de los demás.

• Siempre hablaremos bien del prójimo, pues a pesar de lo que veamos, es la imagen de Dios.

• Amaremos a nuestros semejantes más que ayer y menos que mañana.

• Viviremos con la alegría de tener una familia, una comunidad, una patria.

• Y este 2018, especialmente, votaremos con la conciencia de que nuestro voto bien reflexionado es muy importante para nuestra nación.

Si se fijan bien, todo este menú se resume fácilmente en DOS propósitos:

I. Amarás a Dios sobre todas las cosas

II. Y a tu prójimo como a ti mismo.

Nota: Cumpliremos nuestros propósitos si los realizamos cada día, pues la repetición de actos buenos se convierten en hábito, y un hábito bueno se convierte en virtud.

¡Que terminemos este 2018 siendo unos Virtuosos del Amor!