VIII Vicaría, del inicio hasta el fin con los damnificados

  • El P. Jesús Alejandro, Vicario de San Bernardino de Siena, señala que actualmente se realiza un acopio diferenciado, de acuerdo con las necesidades de cada una de las comunidades afectadas.

Vladimir Alcántara

Desde el inicio de la emergencia generada por el terremoto ocurrido el pasado 19 de septiembre, el Card. Norberto Rivera Carrera llamó a toda la comunidad arquidiocesana a conjuntar esfuerzos en la Ciudad de México en cuanto a las labores de acopio de víveres y su distribución de manera organizada entre los habitantes de las comunidades que resultaron más afectadas, algunas de las cuales se encuentran en la VIII Vicaría “San Juan Bautista”, como San Gregorio, Santa Cruz Acalpixtla, Nativitas y San Luis, entre otras.

De esta manera, el P. Jesús Alejandro, Vicario de la Parroquia de san Bernardino de Siena, junto con el diácono Beni Bertrand, inmediatamente comenzaron a organizar la ayuda en la vicaría, con el apoyo de alumnos del Seminario Conciliar de México y de jóvenes escultistas, concentrando, en una primera etapa, todos los víveres en esta parroquia, y formando posteriormente paquetes de despensas que se comenzaron a llevar a los damnificados a bordo de camionetas y bicitaxis, con lo que la Iglesia comenzó a hacerse presente hasta el último rincón de las zonas afectadas.

En entrevista para Desde la fe, el P. Jesús Alejandro ha señalado que, pese a que la emergencia continúa, el envío de víveres ha comenzado a disminuir paulatinamente; sin embargo, se ha mantenido la ayuda constante por parte de algunos contactos, de las parroquias, y de instancias de la sociedad civil y del gobierno, ayuda que se espera seguir recibiendo en esta fase en la que ya hay un poco más de estabilidad, y posteriormente en la fase de reconstrucción.

Señaló que en este momento lo que se está haciendo es un tipo de acopio diferenciado, tomando en cuenta las necesidades de cada una de las zonas afectadas, ya que en unas lo que escasea es el agua, en otras se requiere ropa, colchonetas y cobijas, y en algunas más, techos para que las personas puedan pasar la noche.

Explicó que de lo que se trata es de organizar toda esta ayuda; y para eso, los párrocos de las zonas en desastre, junto con sus equipos pastorales, llevan a cabo recorridos de reconocimiento para saber qué es lo que está haciendo falta; “así es como vamos recopilando la información; posterior a esto, solicitamos de diversas maneras lo que se requiera, y a través de los mismos párrocos y sus equipos la ayuda se va canalizando”.

El P. Jesús Alejandro dijo que la ayuda nunca sobra, sólo que debe organizarse para que tenga una óptima utilidad. “Aún se siguen necesitando víveres –externó–; el aceite, el arroz y el frijol son productos que siempre se ocupan; pero también se necesita alimento para bebés en sus diferentes etapas, así como artículos para personas de la tercera edad, principalmente pañales para adulto”.

Finalmente, señaló que en la VIII Vicaría se piensa mantener la ayuda hasta el momento en que las comunidades se estabilicen y retomen su vida ordinaria; “pero la indicación nos la dará nuestro Obispo, Mons. Andrés Vargas; él nos señalará el momento en que la emergencia haya quedado atrás”.