Universidades de México participan en el análisis de los últimos hallazgos en Magdala

  • Investigadores de la UNAM y de la Anáhuac trabajan en el estudio de los últimos hallazgos en Magdala.

 

 

Vida Nueva Digital

Investigadores profesionales de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Anáhuac México han sido requeridos para realizar el estudio de los últimos hallazgos en la ciudad de Magdala, Tierra Santa, conocida tradicionalmente en las fuentes cristianas como la patria de María Magdalena, y que fuera descubierta hace pocos años por el sacerdote mexicano, Juan Solana, de la Legión de Cristo.

 

En un momento crucial

El proyecto Magdala sigue adelante, aseguró el padre Solana en entrevista, en el marco de su visita a nuestro país para promover el libro El proyecto Magdala, un descubrimiento del siglo I para el hombre del tercer milenio, que da cuenta de este fantástico descubrimiento arqueológico.

Explicó que en este momento el Proyecto Magdala se encuentra en una fase muy importante con dos elementos fundamentales: “El primero es el arqueológico, donde estamos elaborando el informe final de lo excavado hasta ahora, fase que requiere ayuda, voluntarios y participación académica profesional”. Es por ello que durante su estancia en México el P. Juan Solana renovó un convenio entre la Universidad Anáhuac y Magdala.

El segundo elemento es la promoción de peregrinaciones de grupos y ejercicios espirituales en Tierra Santa, lo que le permitiría seguir financiando el proyecto.

 

Los nuevos hallazgos

De acuerdo con el P. Juan Solana, en esta temporada de verano se realizaron hallazgos de suma importancia, como lámparas de aceite, monedas, cerámica y fragmentos de vasos de caliza. “Estos últimos –explica– eran utilizados para almacenar agua purificada”.

De los materiales recabados, el vidrio, los metales, la cerámica y los huesos se analizan en la Universidad de Haifa, mientras que los vasos de caliza en la Universidad Ariel, ambas en Israel. En tanto, el análisis de química y botánica corre a cargo del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, y la Universidad Anáhuac de México se encarga de estratigrafía, arquitectura, piedras de molienda y herramientas de pedernal.

Los últimos descubrimientos también han confirmado que el pueblo de Magdala se colapsó naturalmente, provocando que sus calles y pisos fueran cubiertos por los techos, y que tuvo una estrecha relación con Jerusalén, sobre lo cual se prepara un material especial.

 

Magdala y Jerusalén

“Se ha encontrado evidencia arqueológica que ayuda a establecer una posible relación e influencia entre Magdala y Jerusalén”, asegura el P. Solana, pues existen elementos que apoyan esta posibilidad, como la piedra de Magdala, los baños de purificación ritual, vasos de caliza elaborados en Jerusalén, lámparas de aceite y una pala de bronce, que se sabe que eran utilizadas para recoger las brasas de incienso en el Templo.

Además, los vasos de caliza se encontraron en un contexto muy similar a una residencia sacerdotal descubierta en el barrio herodiano de Jerusalén, en tanto que las lámparas de aceite están asociadas con la élite y con el templo de Jerusalén, e incluso están grabadas en la piedra de Magdala, hallada en ese lugar, y que constituye probablemente la primera representación artística del Segundo Templo de Jerusalén.

Esto podría explicarse a causa de una decadencia en el cumplimiento de las tradiciones y la ley judaica en Jerusalén debido a la opresión del Imperio Romano. “Probablemente algunos de estos grupos hayan buscado otro lugar como Magdala o la Galilea, para mantenerse alejados de los romanos, y seguir sus tradiciones”, es la tesis que maneja el padre Solana.

En este sentido, el sacerdote adelantó que próximamente saldrá a la luz una publicación que permitirá tener un contexto más claro de lo que fue Magdala durante el siglo I. Se trata de un trabajo de siete años –compilado en 26 capítulos– donde se interpretará la vida cotidiana en Magdala, así como la posible relación entre Magdala, Jerusalén y otros pueblos contemporáneos. La responsable de esta obra es la Dra. Marcela Zapata, de la Universidad Anáhuac, y Adolfo Roitman, del Museo “El Santuario del libro”.