Una familia a la Luz de la calle

Mariana Cepeda Carrera

En estos últimos meses, sin pensarlo o quizá sin darme cuenta, me he unido a una gran familia, de las más peculiares y complicadas de entender: “La Familia de Luz en la Calle”. Para que conozcan un poco del contexto de esta familia y de lo que les voy a platicar más adelante, “Luz en la Calle” es una iniciativa apostólica con grandes metas a alcanzar para que la gente que vive en situación de calle salga, se rehabilite, se reinserte en la sociedad y pueda tener una mejor calidad de vida. Este apostolado consiste en diferentes etapas de acompañamiento, de la cual la principal y la primera de ellas es ir a visitarlos a la calle, conocerlos, buscar una convivencia sana y que ellos mismos busquen su salida. Nos reunimos con ellos en el centro de la Ciudad de México cada 15 días.

Tal vez no somos familia de sangre, no somos amigos de toda la vida, no nos movemos en el mismo contexto, ni hemos vivido cosas similares que podamos compartir ¡la verdad es que no tenemos nada en común!  Seguro se han de preguntar, ¿entonces por qué cree que estas personas son su familia si no hay mucho o casi nada en común? Por lo que te contestaré con mucha sinceridad: no lo sé y tal vez nunca lo sabré, pero te puedo confirmar que el único que puede contestar estas preguntas es el corazón que compartimos.  

Sabemos bien que es complicado conocer, con certeza, la historia de vida de cada uno de ellos, y eso que son muchas las historias que podríamos contar, pero sí podemos estar seguros de que los vínculos más importantes no vienen de las palabras, ni de los pensamientos, de los regalos o de los hechos, sino del amor que podemos dar y recibir, y que finalmente alimenta y nutre nuestras almas.  

Este corazón que compartimos en “La Familia de Luz en la Calle” ve más allá de los pensamientos, los prejuicios y las diferencias; este corazón ve el alma, la miseria, el dolor y sobre todo la paz que puede dar el poder del amor, la escucha y la compasión. Nuestra familia comparte un corazón abierto, un corazón sin miedo y un corazón acogedor; es por eso que yo los llamo familia.  

Te comparto esta experiencia porque te quiero invitar a reflexionar: muchos de nosotros cuando éramos niños, nos cuestionábamos el porqué de todas las cosas que nos rodeaban, y algunas respuestas nos sorprendían y otras nos dejaban inconformes. Sin embargo, no parábamos de buscar las soluciones a nuestros problemas o inquietudes.  

Como niños, imaginábamos que podíamos cambiar el mundo, que los superhéroes existían y que en algún momento podríamos conocer a algunos. Nosotros podemos ser esos superhéroes que se atreven a cambiar el mundo, y la forma más fácil de hacerlo es preocupándonos por los demás, enseñando con el ejemplo y en familia.  

Yo los invito a que les enseñen a sus hijos a que ellos pueden “ser superhéroes desde niños”, y que pueden cambiar el mundo, que no limiten su imaginación, su grandeza y su corazón para ser grandes personas, y como adulto nunca dejen de cuestionarse el porqué de las cosas, siempre nos podemos sorprender.

Algunos consejos que les doy para que sus hijos puedan “ser superhéroes desde niños” son:

  • Realizar una obra buena al día, que sea consciente. Por ejemplo, ayudar a cargar algo, sonreír a alguien que este triste…
  • Realizar un pequeño sacrificio y ofrecérselo a Jesús por las personas que más lo necesiten.
  • Agradecer cada día por algo bueno y algo difícil que nos haya sucedido.

 

Les comparto esta foto de “La Familia de Luz en La Calle”, un día que compartimos el espíritu de la Navidad.