Un Cristo en su esplendor

  • El ex director de Restauración del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Agustín Espinosa, detalla cómo fue el proceso de restauración de la imagen más venerada de la Catedral Metropolitana.

Alejandro Feregrino

El Cristo del Veneno, la imagen más venerada de la Catedral Metropolitana, volvió a su sitio en el Altar del Perdón, tras dos meses y medio de profunda restauración.

“Nuestra responsabilidad fue rescatarlo en su mayor autenticidad”, aseguró en entrevista con Desde la fe, el responsable del proyecto, Agustín Espinosa Chávez.

El ex director de Restauración del Instituto Nacional de Antropología e Historia reconoció que la imagen no se encontraba en buen estado de conservación, pues fue intervenida hace unos cincuenta años, pero sin la técnica correcta, por lo que fue necesario corregir los errores cometidos entonces.

“Estaba muy mal intervenido, con pastas de cera, de cola, muy mal trabajado”. No obstante –dijo– se pudo garantizar para el futuro el valor artístico, histórico y religioso de esta imagen originaria de Michoacán y que data del siglo XVI o principios del XVII.

“Logramos que la obra se conserve por muchos años, puesto que el material ha sido consolidado, ha sido fumigado y va a tener una vida muy larga sin ninguna otra intervención”.

La clave –agregó– fue respetar “a costa de lo que sea” el material con que se hizo, la caña de maíz. Por ello, eliminaron una cantidad importante de repintes, parches y plastas de la intervención anterior.

La restauración se realizó con el auspicio de Fomento Cultural Banamex y bajo la supervisión de las autoridades eclesiásticas y de gobierno.

El crucifijo fue retirado el 26 de junio y regresó al Altar del Perdón el pasado martes 18 de septiembre.

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El Cristo fue llevado a su sitio en una pequeña procesión encabezada por los padres Francisco Espinosa Estrada, Deán de la Catedral, y el Sacristán Mayor, Ricardo Valenzuela.

“Claro que se extrañaba (…) aunque nuestras oraciones estaban con él, pero ya que está aquí estamos contentos de que haya regresado” dijo Israel García, uno de los feligreses que lo esperaba.

Jesús Flores, también feligrés, aseguró que su devoción se remonta a 2006, cuando su esposa estuvo enferma. “El Señor del Veneno sanó a mi esposa del cáncer. Los médicos me decían que a los pocos meses moriría, y todavía la tengo conmigo”.

Gran devoción

Cuenta la tradición que el Señor del Veneno salvó a un hombre al que pretendían envenenar, absorbiendo el líquido mortal, por lo que cambió su color a negro. Desde entonces se le adjudican innumerables gracias.