Testimonio: Mi mundo era la música ‘ska’, pero ahora mi vida es Cristo

Mi nombre es Víctor Uriel Álvarez Neri, y les quiero compartir mi testimonio vocacional.

Soy originario de la Ciudad de México, tengo 21 años, y actualmente estoy en la etapa de Curso Introductorio. Mi historia tiene muchas rarezas y curiosidades, una de estas peculiaridades es que antes mi mundo era la música “ska”, pero ahora mi vida es Cristo.

Todo comenzó cuando era un niño y mi familia me llevó a ver cómo pasaba el Papa San Juan Pablo II por la avenida Churubusco. Recuerdo que lo vi, me emocioné y lloré. Lo interesante fue que al día siguiente desperté con la idea de que iba a ser el primer Papa mexicano. Crecí con ese pensamiento, incluso, después de terminar la primaria quería entrar al seminario, pero mi familia no me dejó por ser muy pequeño. Obviamente ahora no pienso igual, sólo quiero ser un sencillo y humilde sacerdote del Señor.

Pero al ingresar a la secundaria se me olvidó por completo lo que quería ser de grande. En mi adolescencia me divertía con mis amigos jugando futbol, íbamos a conciertos, incluso tuve novia, y me la pasaba muy bien; simplemente disfrutaba lo que me daba la vida. Algo similar pasó en mi etapa de bachillerato, aunque comenzaba a ser más radical en mis ideas. Llegué a renegar de Dios. Mis profesores atacaban la religión, a Dios y al clero; algunas cosas que decían me las creía, otras sabía que eran mentiras.

Sin embargo, aquella etapa terminó con experiencias fabulosas, sobre todo en lo espiritual: viví cosas increíbles y otras un tanto terroríficas, sin duda eran situaciones que no entendía en su momento. Cuando terminé el bachillerato mi pensamiento sobre Dios era que sí existía, pero no era el Dios de las religiones. Para entonces, quería ser arquitecto, no sacerdote; presenté exámenes para ingresar a la UNAM y a la UAM, pero no me quedé a pesar de haber obtenido los aciertos requeridos. Llegó un momento en que no sabía si estudiar o trabajar.

Fue el 26 de diciembre del 2014, mientras descansaba en mi cama, que cerré los ojos y de pronto me empecé a ver como sacerdote. Fue un momento muy extraño, volví a cerrar mis ojos un par de veces más, y entonces me asusté. Fue inevitable preguntarme: ‘¿qué está pasando?’. Me parecía raro, después de tanto tiempo, volver a pensar en el sacerdocio, pero de pronto me sentí en paz y comencé a llorar. Recuerdo que decía: ‘No Señor, yo no, ¿Por qué yo?’. Pero entendí que el Señor me llamaba, así que me tomé un tiempo para investigar sobre Dios, la Iglesia, la Santa Misa, la vida de los santos, los milagros, y fui a pedir orientación con los sacerdotes. Poco a poco me fui convenciendo, y entonces decidí entrar al seminario.

Llevo pocos meses aquí, y les comparto algo: ¡No me arrepiento de querer ser  sacerdote de Cristo!

Seminario Conciliar de México