Testimonio: Las misiones de Semana Santa fueron clave en mi vocación

Contarte mi vocación es una dicha, y hoy quiero compartir contigo la mejor decisión que he tomado. Mi nombre es Omar Baeza Almaraz, tengo 23 años y soy originario de San Mateo Tlaltenado, Cuajimalpa, Ciudad de México; tengo dos hermanos más chicos (hombre y mujer) y mis padres.

Mi historia vocacional comenzó en los quince años de una prima, cuando me tocó ser chambelán; recuerdo que un accesorio que llevaba puesto parecía una estola, y entonces bromeaba diciendo: “ya me parezco a un padre”. Y me gustaba parecerlo.

Saliendo de la secundaria –para entonces tenía 15 años– un día (16 de julio), mi madre me llevó a Misa, me presentó con el sacristán, y éste me pidió que le ayudara al P. Cuauhtémoc Castro Girón, quien entonces era mi párroco. Él mismo me pidió que le ayudara el día siguiente, lo cual acepté. Desde el primer día me gustó servir como monaguillo.

Seguía estudiando y ayudaba en la iglesia por las mañanas; el 15 de agosto recibí la sotana, y el 12 de diciembre aprendí a utilizar el Misal Romano. ¡Servir como monaguillo era extraordinario!

Después participé en varias actividades litúrgicas, e incluso recibí un certificado de la escuela Sedes Sapientiae. A los 17 años, conocí a otro sacerdote, el P. Jesús Riaño Delgado, quien era maestro del Seminario Conciliar de México. El P. Riaño me pidió que entrara al Seminario, pero yo no estaba seguro. Pero gracias a él conocí a varios padres de mi decanato y el grupos de monaguillos.

En diciembre de ese año, el hermano Julio, de los Apóstoles de la Palabra, me invitó de misión a Silao durante una semana; allí conocí a unos buenos niños: July y Jesús; regresé y continué mis actividades.

En 2013 fui a visitar a una tía en el estado de Hidalgo, donde participé en los oficios de Semana Santa y conocí a un seminarista. Al regresar decidí entrar al Seminario, pero aún no terminaba la escuela.

Entré a trabajar de cajero en un Sam’s Club por temporada decembrina, y esto no impidió que siguiera de monaguillo. El padre me nombró Misionero-Enlace entre la parroquia y la comunidad. Le ayudé todo el 2014 como sacristán.

En la Semana Santa del 2015 me invitaron a Tapachula, Chiapas, de misión con los niños; todo fue un éxito; regresé por la escuela, ya que quería terminarla, y volví a entrar; yo tenía muchos gastos y no podía pagarlos, así que busqué dónde trabajar y encontré un negocio de donas y café; al principio fue complicado, pero el gerente me apoyó mucho, por lo que estudiaba y trabajaba.

Con 21 años decidí hacer la preparatoria en el sistema abierto, pues seguía trabajando; ya tenía la decisión de entrar al Seminario, por lo que platiqué con el rector, aunque no tenía el certificado. Me dijo que tuviera todo bien y entraría al año siguiente. Participé en el COV de Basílica. En 2017 terminé el curso, ingresé al Preseminario, fui aceptado, y aquí estoy en el Curso Introductorio, dispuesto a caminar con el Maestro y Señor;  y si tú sientes el llamado, no temas en responder, ¡te invito a vivir esta experiencia!

Bendiciones, saludos y paz.

 

Seminario Conciliar de México