Testimonio: “El Señor me llamó cuando fue oportuno”

Mi nombre es Sergio Luis Zambrano Martínez, y hoy les contaré cómo fue que sentí el llamado al sacerdocio. Mi vocación surgió a partir de que una de mis tías me llevaba a Misa junto con mi abuela paterna, pues mis papás, debido a su trabajo, sólo frecuentaban la iglesia cada que podían.

Posteriormente ingresé a la catequesis, la cual me hizo tener un trato más cercano con el párroco, el P. Salomón Domínguez Bermúdez, quien, con su testimonio y entrega, hizo que me llamara mucho la atención su ejercicio sacerdotal, fidelidad, preparación y servicio al Pueblo de Dios.

Después seguí apoyando al P. Salomón en calidad de monaguillo. Me llevaba a entregar despensas a las personas más necesitadas, y también lo acompañaba a visitar enfermos, entre otras cosas. Cuando terminé el curso de catequesis, quería hacer mi Primera Comunión pero vestido de sacerdote, pues me llamaba mucho la atención. Con esta idea había convencido a mi hermana para que, una vez que termináramos el curso de catequesis, se vistiera de monjita y yo de sacerdote; sin embargo, mi padrino no pudo conseguir la vestimenta, y por lo tanto, sólo mi hermana fue vestida de monjita; a mí me pusieron un traje.

Con el paso del tiempo, cuando concluí la preparatoria, decidí entrar al seminario, pero no contaba con que mis padres no estarían de acuerdo, pues para ellos era importante que terminara una carrera profesional; ese fue el requisito para ingresar al seminario. Por lo tanto, decidí estudiar la licenciatura en Derecho en la Universidad del Tepeyac.

Cuando culminé la carrera, decidí entrar al Seminario Arquidiocesano de San José, en Tulancingo (Hidalgo); aquello fue muy difícil para mí, pues mis padres ahora me ponían como requisito que me titulara.

En el Seminario de Tulancingo tuve el gusto de conocer al ahora P. Hipólito Escorcia Achautla, quien me motivaba para seguir adelante; él me decía que aunque el camino se viera difícil, valía la pena seguirlo.

Dado que mis papás me negaron rotundamente su apoyo, mi estancia en el Seminario de San José fue muy corta; duré sólo tres semanas. Aquello me llevó a pensar: “Si Dios me llama, no importa la edad ni el tiempo, Dios tiene para cada uno sus tiempos, y Él me llamará cuando lo crea oportuno”.

Finalmente regresé a la universidad para titularme; estudié un posgrado en Derecho Mercantil y logré sacar el título. Trabajé por varios años en el negocio familiar, y cuando vi que mis hermanos concluyeron su carrera, decidí entrar al seminario con el apoyo del padre Hipólito, pero ahora en la Ciudad de México. Y aquí sigo… dejando que el Señor me forme como Él decida.

Seminario Conciliar de México

Ad