Sus hermanos: presos, migrantes y enfermos

Sensible a las distintas realidades que se viven en la Ciudad de México, el cardenal Rivera conoció de primera mano los problemas y preocupaciones de los fieles, compartiendo sus alegrías y tristezas, esto, en gran parte gracias a las tres visitas pastorales que realizó a lo largo y ancho de la Arquidiócesis capitalina.

 

Presos

No hay que olvidar que el primer lugar que visitó como Arzobispo de México fue un reclusorio, y desde entonces, cada año acudió a celebrar la Santa Misa en los distintos centros penitenciarios de la Ciudad de México.

A través de la Pastoral Penitenciaria se esforzó por llevar la Buena Nueva a las personas privadas de su libertad y a sus familias, con la finalidad de reintegrarlos en su dignidad de hijos de Dios, mediante un acompañamiento basado en pequeñas comunidades en los once reclusorios para adultos y las cinco comunidades de menores que hay en la capital del país.

En todos estos centros, promovió cursos de crecimiento espiritual y promoción humana, actividades de encuentro con Dios a través de la oración, actividades de adoración y rezos comunitarios, celebraciones eucarísticas y de los sacramentos, retiros espirituales y convivencias.

De igual forma, cuidó que se ofreciera orientación jurídica y psicológica a los internos, que se estableciera un programa de visitas por parte de las abogadas de la pastoral, así como asesoría gratuita a familiares de presos, auxilio a los internos que no cuentan con el respaldo de la familia, y apoyos en especie en ocasiones especiales.

 

Migrantes

Este siempre fue un rubro sensible para el Card. Rivera, ya que su propio padre fue migrante en los EE.UU. Por ello, el Sr. Arzobispo trató este tema con frecuencia en sus homilías, y se reunió en varias ocasiones con comisiones bilaterales de obispos y ONG’s, preocupado por defender la dignidad de estos hermanos.

A través de la Pastoral Migratoria buscó caminar muy de cerca con las personas migrantes en tránsito, deportados, detenidos, migrantes campesinos en los EE.UU. y familias que se quedan en su lugar de origen. Esto lo hizo a través de varios programas, siendo algunos de los más importantes los siguientes:

El Programa de Atención Inmediata a los Migrantes, mediante el cual buscó proveer de alimentos, hospedaje temporal, llamadas gratuitas, artículos de higiene personal, ropa, atención médica, orientación social y espiritual a los migrantes en tránsito o mexicanos deportados. El Programa de Acompañamiento en la Estación Migratoria, para escuchar y animar a las personas migrantes con el objetivo de fortalecer su fe y esperanza, además de celebrarles Misas y fiestas tradicionales de nuestro país dentro de las estaciones migratorias. También promovió la asesoría legal a los extranjeros para su regularización migratoria, y en la medida de sus posibilidades, apoyo económico para realizar trámites.

Puso especial atención en el Programa de Concientización y Solidaridad con los migrantes y sus familias, promoviendo la celebración anual del Día del Migrante y Refugiados, y gracias a la implementación del Programa de Enlaces y Vinculación, el cardenal Rivera logró establecer una red con otras instancias eclesiales y de la sociedad civil, tanto nacionales e internacionales que apoyan a las personas migrantes.

 

Enfermos

Como cúspide de una serie de esfuerzos y trabajos anuales, todos los años el Card. Rivera encabezó una peregrinación a la Basílica de Guadalupe en la que participaban grupos laicales a favor de las personas enfermas y sus familias, y en 1996 escribió la Carta Pastoral sobre la Atención a los Enfermos de la Arquidiócesis de México; además, durante sus visitas pastorales acudió a los hospitales capitalinos para atender espiritualmente a los enfermos.

A través de la Pastoral de la Salud, el cardenal Rivera se propuso corregir algunas situaciones particulares, entre ellas, dar facilidades para que los agentes pastorales ingresaran a las unidades hospitalarias sin restricciones; ampliar las acciones no sólo a Meces; corregir el desorden y los abusos en dispensarios parroquiales, y coordinar los trabajos de la Iglesia con las autoridades sanitarias locales.

El cardenal Rivera promovió de manera particular la impartición de cursos en comunión con la UPM, diplomados tanto a nivel domiciliario como hospitalario, la realización de un taller para la atención del duelo con apoyo de los Hermanos Camilianos, y por supuesto, trabajó en la formación de un equipo diocesano de Pastoral de la Salud sólido. Además, hizo alianza en la materia con instituciones como la Pontificia, la Universidad Iberoamericana, la UNAM, el IPN, la Secretaría de Salud Federal, IAPA, Almas, Orden de Malta, Iluminando con amor, Irma, etc.

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