Se reza en la Catedral de México por las víctimas del terrorismo en Barcelona

Con la asistencia de varios diplomáticos de la Embajada de España en México, y la presencia de representantes de algunas organizaciones civiles de ese país.

Carlos Villa Roiz
Con la asistencia de varios diplomáticos de la Embajada de España en México, y la presencia de representantes de algunas organizaciones civiles de ese país, se rezó este domingo en la Catedral Metropolitana de México por las víctimas del atentado terrorista que tuvo lugar en Barcelona el pasado 18 de agosto.

La ceremonia religiosa fue presidida por el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, quien anunció que en la Santa Misa se pediría por la comunidad catalana y por toda España y dijo que México se une a su dolor.

Luego, al momento de las peticiones, se dijo en catalán y en español: “para que el Señor acoja a las personas fallecidas en su Reino y a los heridos les dé pronta cura, y fortalezca el corazón de todo el pueblo español.” Cerca del altar mayor, se colocaron las banderas de España y de Cataluña.

Entre los asistentes a esta Eucaristía estuvieron el Sr. Juan Frutos, Consejero de la Embajada de España en México; Israel Gálvez Cortés, representante de la Asamblea Nacional Catalana; Rafael Vidal Angles, Presidente del Orfeo Catalá de México, y José María Mendizaval, Socio del Orfeo Catalá.

Al término de la Santa Misa, el Cardenal Norberto Rivera Carrera se reunió con los visitantes en el Altar de Los Reyes, donde intercambió algunas palabras con los diplomáticos y se tomó una fotografía.

Durante la homilía, el Cardenal Rivera Carrera habló del destino universal de la salvación y recordó que el evangelio de San Mateo recuerda que Jesús también se acercó a los paganos y descubrió en ellos una fe ejemplar. “Nadie está excluido del Evangelio. Éste va dirigido a todos los pueblos y a todas las personas… El crecimiento en la vida cristiana no se puede llevar adelante si no nos convencemos que todo es regalo de Dios, que todos somos extranjeros, que ante Dios nadie tiene derechos especiales, que la gratuidad divina es el hilo conductor que le puede dar consistencia a nuestra vida cristiana. Aprendamos de la cananea su humildad, aprendamos a pedir, a llorar, a defender y a enfrentar las dificultades en el camino de la fe, a ser tercos con Dios dialogando y abriéndole el corazón para pedirle lo que necesitamos y lo que necesitan los demás”, señaló.