San José, ejemplo de virtudes paternas

José Rodrigo Escorza

El ser humano, la persona humana, está llamada en su misma naturaleza a la convivencia. Algunas teorías dicen que el ser humano es esencialmente social, incluso, algunos estudios han descubierto que las personas que viven solas viven menos que las que lo hacen en sociedad. Y la primer sociedad que conocemos como seres humanos es la familia.

Todos nacemos en familia, y ya sea funcional o disfuncional, todos tenemos una familia. Hace un par de décadas la familia seguía siendo padre, madre e hijos; hoy en día eso se está perdiendo, aunque se tenga un día para conmemorarla. La familia por excelencia es la Sagrada Familia, compuesta por San José, la Virgen María y Jesús.

San Juan Pablo II, en su carta a las familias de 1994, dice de san José: “Él habría tenido derecho a considerar a la novia como su mujer y madre de sus hijos. Sin embargo, Dios interviene en esta alianza esponsal con su iniciativa… José es consciente, ve con sus propios ojos que en María se ha concebido una nueva vida que no proviene de él y por tanto, como hombre justo, observante de la ley antigua, que en su caso imponía la obligación de divorcio, quiere disolver de manera caritativa su matrimonio (cf. Mt 1, 19).

El ángel del Señor le hace saber que esto no estaría de acuerdo con su vocación, más aún, que sería contrario al amor esponsal que lo une a María. Este amor esponsal recíproco, para que sea plenamente el ‘amor hermoso’, exige que José acoja a María y a su Hijo bajo el techo de su casa, en Nazaret. José obedece el mensaje divino, y actúa según lo que le ha sido mandado (cf. Mt 1, 24)”.

José, de la estirpe de David, aceptó esa misión, y la cumplió al cien por ciento. Esa misión era ser el padre de Jesús y esposo de María, y como consecuencia, vivir en las “sombras”. Ese vivir en las “sombras” forjó en él varias virtudes, algunas de las cuales son: humildad, servicio, trabajo, caridad, fe y entrega a la misión.

San José fue un padre de familia humilde, es decir, reconoció que su papel era guiar, encaminar y ser modelo de vida para su hijo, para Jesús. Un padre de familia debería saber que los hijos no son de su propiedad, que no debe trabajar para ellos o vivir para ellos, sino que debe vivir su vida para ser el mejor ejemplo de vida que puedan tener. Esa es la humildad en la paternidad, saber que no se es dueño, sino ejemplo. Si cambiamos ese punto de vista y vivimos la humildad podremos ser mejores padres de familia a ejemplo de San José.

El servicio y el trabajo también son virtudes que se reflejan en un padre de familia, porque se trabaja en servicio para la familia, y como ejemplo para que los hijos puedan aprender el valor del trabajo y el servicio. San José lo sabía, por eso se dedicó toda su vida a la carpintería, un trabajo noble y que le mostró a Jesús el camino de la dedicación, del trabajo y del servicio.

Su caridad se centró en el amor desinteresado a su familia, y ese amor desinteresado se basó en la búsqueda del bien y el crecimiento de María y Jesús. El amor en un padre de familia debe ser desinteresado como el de san José, dedicándose al crecimiento de todos, dándoles a cada uno el mismo amor, sin preferencias.

La fe y la entrega en la vida de san José fue grandiosa, ya que primero creyó en su misión y después se entregó con su vida silenciosa y dedicada al servicio de la misión salvadora de su hijo Jesucristo. Un padre debe creer que su vida tiene un sentido específico, el de educar a sus hijos primero con su ejemplo y después con su prédica, y que el vivir para un padre es vivir intensamente para dejar lo mejor para sus hijos y disfrutar el tiempo con la familia.

Así que un padre de familia tiene un excelente ejemplo de paternidad, la figura de san José.