Sacerdote pide ayuda para que sus ancianitos tengan un lugar propio donde vivir

  • La casa parroquial, improvisada como asilo ya no es suficiente, necesitan instalaciones con todas las condiciones necesarias para los 30 adultos mayores que viven en ese lugar, muchos de los cuales fueron abandonados por sus familiares.

Abimael César Juárez

Desde hace algunos años, la Parroquia de la Asunción de María en la colonia Aculco, delegación Iztacalco, atiende a ancianos que fueron abandonados por sus familiares. Para ello, el responsable del templo, el P. José Guadalupe Jiménez, adaptó la casa parroquial de acuerdo con las necesidades de sus inquilinos; sin embargo, las instalaciones no son las apropiadas para atenderlos de forma óptima, por lo que el sacerdote ahora hace un llamado a algún benefactor que quiera donar un terreno para construir un asilo con las condiciones adecuadas.

En entrevista para Desde la fe, el P. José Guadalupe Jiménez explica que aunque la parroquia gestiona varios programas de ayuda para las personas de la tercera edad, el proyecto se sostienen principalmente con las donaciones que realizan los fieles de la comunidad y otras personas de buena voluntad.

Recordó que el asilo inició propiamente en otro templo que estaba bajo su responsabilidad, cuando dio albergue a una ancianita que había sido corrida por su sobrina y no tenía dónde vivir: “a partir de ahí –explica– se corrió la voz y comenzaron a llegar más ancianos en busca de ayuda y refugio. Con el paso de los años creció el número de personas, y entonces fuimos requiriendo más ayuda para sufragar los gastos”.

El asilo actualmente opera con un grupo de cinco voluntarios, un trabajo que resulta bastante pesado porque muchos de los ancianos no pueden valerse por sí solos. Por si fuera poco, la población va en aumento, y apenas se dan abasto.

El P. Guadalupe Jiménez detalló que alimento, medicinas, pañales desechables y accesorios para caminar son sólo algunos de los productos que más demanda el cuidado de los ancianos, sin embargo, para todos ellos, la compañía también es vital. “Tratamos de brindar el mayor apoyo posible a los abuelos para que se sientan acompañados, la mayoría de ellos no tuvo hijos o por alguna situación los abandonaron o quedaron solos”.

Dijo que hace 30 años, cuando inició el asilo, no había necesidad de contratar personal, eran suficientes sólo dos personas, “pero ahora nos vemos en la necesidad de solicitar una cuota a quienes vienen a dejar a sus familiares; en la actualidad atendemos a 29 ancianos y a un sacerdote sordo de 92 años”.

El padre refirió que lleva muchos años atendiendo esta obra gracias a la caridad de la gente, por lo que ya es momento de que tengan un lugar apropiado, donde los ancianos puedan vivir dignamente y sin preocupaciones: “Por eso, a través de este medio, quiero pedir a los lectores su ayuda para conseguir un lugar propio, donde pueda atender a estos ancianos con todos los requerimientos que debe tener un lugar de esta naturaleza; un bienhechor que quiera ser parte de este proyecto, pero que no anteponga el interés económico, pues en eso no estoy de acuerdo; porque esta obra no persigue fines lucrativos, sino caritativos. Por más que el Papa Francisco nos llama a la caridad, el mundo no lo entiende, la caridad la equiparan con una moneda, y es mucho más que eso, la caridad es algo que no se termina de entender, y por lo tanto, con mucho esfuerzo llevamos adelante esta cansada obra”.

Tras reconocer que muchas veces ha estado tentado a decir: “hasta aquí llegó el asilo”, siempre se pregunta qué va pasar con los ancianitos, y mejor redobla los esfuerzos. Para finalizar, el P. Guadalupe Jiménez también hace un llamado a todos los fieles para que lo sigan apoyando para poder sufragar las necesidades.

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