Sacerdote de MasterChef 2017: “El sazón viene del cielo”

Abimael César Juárez

A mediados de noviembre, el P. Beto, sacerdote de la Diócesis de Ciudad Juárez, se convirtió en el onceavo expulsado del famoso reality show MasterChef 2017.

Responsable de la parroquia de Corpus Christi en su diócesis, la participación del sacerdote en el programa comenzó el pasado 27 de agosto. El P. Roberto Luna, mejor conocido como P. Beto, explica a Desde la fe que asumió este reto como una oportunidad para evangelizar a través de los medios y dar ejemplo de una Iglesia en salida.

Recuerda que la oportunidad de participar le llegó en noviembre del 2016, cuando una familia de su comunidad parroquial le preguntó si le gustaría participar en las audiciones que se llevarían a cabo en un instituto culinario de dicha entidad; sin pensarlo mucho, el sacerdote hizo su solicitud: “Tuve una cita a finales de diciembre, y en mayo me notificaron que había sido elegido”.

Explica que no lo comentó inmediatamente con su Obispo hasta no estar seguro de que se encontraba entre los 54 concursantes. “Cuando se lo hice saber, el obispo me dijo: ‘¡Adelante!, ¡Adelante!’ En ese momento recordé que el Papa Francisco ha dicho que los medios de comunicación deben servir también para animar, fortalecer y evangelizar.

Recuerda con emoción que en la primera audición preparó “Codorniz campestre”, pero cuando la juez la probó, no dijo nada: “Fue hasta el final, cuando me hizo pasar al frente junto con otros tres aspirantes, cuando me dijo: ‘es una verdadera pena que tenga que abandonar a sus feligreses; durante un tiempo, no va a ser sotana, sino mandil lo que va a usar, porque usted se queda con nosotros’”.

El P. Beto nunca ha estudiado cocina, sólo había leído algunos recetarios. Cuenta que su gusto empezó desde pequeño, cuando veía cocinar a su papá y a su mamá: “De los 20 años de vida sacerdotal que tengo, sólo 17 he tenido una cocinera, así que he preparado muchísimos platillos a mi gusto. En este sentido, la imagen de mi papá fue fundamental para darme confianza, pues la cocina se me hacía familiar. Esa es mi historia”.

Subrayó que la idea de acercarse a MasterChef también fue para dar a conocer platillos baratos, sencillos, rápidos y con buen sazón, principalmente para los trabajadores de la industria maquiladora, quienes generalmente comen de prisa y no degustan los alimentos, al estilo de vida fronterizo de Ciudad Juárez. “De esta forma –dice– asumí el reto también como una tema de conciencia social, para que la gente no gaste mucho y prepare algo rápido, fácil de comer y nutritivo.

El P. Beto afirma que el sazón viene del cielo. Cuando prepara algo de comer lo hace con la esperanza de que sepa delicioso, y para ello se encomienda a san Pascual Bailón.

Para finalizar, aseguró que no busca un reconocimiento, sino que, para él, es un compromiso hacer las cosas bien y por gusto, no sólo en la cocina, sino en todos los aspectos de la vida: “recibir halagos no te hace más grande, hay cosas en la vida que se presentan como una encrucijada; cuando esto ocurre, hay que darse la oportunidad de hacer lo que nos gusta, de alcanzar los sueños, que muchas veces se convierten en retos a vencer, y esto se puede lograr con mucha fe y confianza en Dios; todas las experiencias nos enriquecen y nos ayudan a crecer”.

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