Opinión: Reconstruyamos con firmeza… la vida social

P. Eduardo Lozano

Es cierto: todo -¡todo!- se cimbró. Muy lamentable lo que se vino abajo sin importar la causa particular: que si estaba mal construido, que si era una zona de alto riesgo, que si era una construcción vieja, etc. También es cierto que aquello que permanece en pie y lo que resurge es mucho más; y no hablemos solo de lo material. Luego del terremoto hay mucho por cambiar, por reconstruir, por consolidar, por conservar y mejorar: las relaciones entre vecinos, la participación ciudadana, la responsabilidad política, etc. Estos son algunos aspectos de la reconstrucción de la vida social.


Luego de los sismos de septiembre es fácil percibir que el ritmo y el modo como hemos llevado la vida no puede seguir igual, que necesitamos muchos cambios, también en las maneras como interactuamos las personas, pues ya sea que vivamos en una pequeña ranchería, en una ciudad mediana o en la gran urbe, todo tiene que mejorar. Seguir haciendo las cosas tal como las veníamos haciendo (construcciones, relaciones vecinales, educación cívica, etc.), sencillamente sería no aprovechar la crisis. Sin querer agotar la amplia gama de aspectos de la vida social, te planteo cinco puntos generales. A partir de ahí pueden surgir otros detalles más concretos para reconstruir con firmeza… la vida social.

1.- Es frecuente que las relaciones humanas habituales se enfrasquen en una dinámica de cansancio y desconfianza. En efecto, con el vecino es con quien tenemos qué ver lo relacionado a la basura de la calle o el cajón del estacionamiento, con el vecino nos molestamos por la mascota o por el ruido del fin de semana. Además, siempre quisiéramos que el vecino se ajuste a mi modo de ser y pensar. Pero se nos olvida que el vecino es el cercano y es diferente, es el más inmediato y puede ser el más extraño, el que de una manera u otra está al pendiente de nosotros, sea para “vigilarnos” o para “cuidarnos”. Así que no descuidemos el buen trato y el respeto, la educación y el diálogo, la cortesía y aceptación de nuestras diferencias; y desde ahí se podrá consolidar una relación inter-vecinal más sólida y honesta, más solidaria y menos tensa, con más satisfacciones y alegrías así como con menos roces y malos entendidos. ¡No te canses de ser buen vecino y el otro también lo será!

2.- La participación política no puede reducirse a filiaciones partidistas y a tiempos de elecciones: todo lo que ayuda a mejorar la vida social (educación, trabajo, sistemas de salud, consolidación del bien común, etc.) compete a cada ciudadano y a su conjunto como miembros de una ciudad, de un pueblo o ranchería. Ya muchos han dicho que la política es tan importante como para dejarla sólo en manos de los “políticos”, así que decídete a participar en las decisiones y compromisos comunitarios, en el mejoramiento de la escuela de tus hijos, en los derechos y obligaciones laborales de tus compañeros de trabajo, en la procuración de la salud pública, por ejemplo. ¡No te canses de ser buen ciudadano, otros también se animarán a mejorar la ciudad o el pueblo desde su colonia o su barrio!

3.- La base o el núcleo del comercio es el intercambio de bienes o servicios; y dicho de una manera amplia y general pues todos estamos involucrados comprando o vendiendo algo: comida o ropa, educación o diversión, salud o transporte. Con las muestras de solidaridad y generosidad ante la situación de emergencia, nos volvimos a dar cuenta que “la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido” (Lc 12, 23); en efecto, como ciudadanos y vecinos actuamos muy por encima de una mera relación comercial y eso produjo satisfacción y felicidad. De ahí me surgen algunas preguntas: ¿acaso nos falta vender con más calidad y comprar con equidad para darle mayor solidez a la economía?, ¿tal vez podremos mejorar hacia un comercio justo y así fortalecemos nuestra vida social? ¡No te canses de ofrecer siempre lo mejor (en la compra-venta) para que todos recibamos mayor calidad!

4.- Hay multitud de normas y comportamientos cívicos que casi descuidamos: como ofrecer el asiento en el transporte público a quién más lo necesita, como ceder siempre el paso al peatón, como separar debidamente la basura, como responsabilizarse de la propia mascota en parques y jardines, respetar las reglas en la competencia deportiva, etc. Seguimos necesitando de una “reconstrucción social” a fondo; no esperes más y con estos detalles iníciala en tu entorno inmediato. ¡No te canses de fomentar una actitud cívica constructiva: pronto tendremos buenos resultados!

5.- En el Evangelio según san Mateo leemos: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). Con esas palabras Jesús no divide ni separa realidades humanas y divinas, más bien nos exhorta al cumplimiento y respeto de las diversas instancias religiosas y políticas; también son una invitación a la honestidad y la justicia, a la observancia de las obligaciones y no sólo a la exigencia de derechos. Podemos ver que muchas naciones han crecido en su vida social y pública porque respetan y valoran tanto lo político y social, como lo religioso y trascendental. Así que la reconstrucción de la vida social también pasa por la reconstrucción de nuestras responsabilidades religiosas.


+ Reconstruyamos con firmeza la vida social, es lo que vivimos día a día, es el entorno urbano, rural… humano.

+ Reconstruyamos con firmeza la vida social y no nos resignemos a vivir entre los cascajos y escombros de una sociedad herida, lastimada, infestada de corrupción o violencia.

+ Reconstruyamos con firmeza la vida social y resaltemos las buenas noticias, los hechos que vale la pena compartir, los acontecimientos que hacen lucir nuestra identidad común. ¡Todos merecemos un mejor entorno, una mejor ciudad, un barrio o pueblo unido y en paz!

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