¿Qué relación tiene san Juan Bautista de la Salle y el Día del Maestro?

  • En entrevista, el hermano Moisés Matamoros, director Académico del Colegio Simón Bolívar La Salle, habla sobre el legado de quien consagró su vida a formar maestros destinados a la educación de hijos de artesanos y de niños pobres de su época.  

 

Carlos Villa Roiz

 

Este martes 15 de mayo se celebra el Día del Maestro, una fecha que hace justicia a los maestros en el mundo entero, cuya noble vocación merece todos los aplausos. Pero esta fecha no es casual: los antecedentes datan del 15 de mayo 1950, cuando san Juan Bautista de la Salle fue declarado por el Papa Pío XII patrono especial de todos los educadores de la infancia y de la juventud, así como patrono universal de los educadores.

La Salle fue un pedagogo ejemplar que fue beatificado el 19 de febrero de 1888 por el Papa León XIII, y el mismo pontífice lo canonizó el 24 de mayo de 1900. A la fecha, su obra está presente en más de 80 países, con aproximadamente 1049 obras educativas; en ellas hay un promedio de cuatro mil hermanos, asociados con más de 85 mil colaboradores, quienes atienden a casi un millón de alumnos, brindándoles una formación humana y cristiana. El actual Superior General de esta congregación es el hermano Robert Schieler, de origen estadounidense.

Para conocer más acerca de este santo, entrevistamos al hermano Moisés Matamoros Muñoz, F.S.C., director Académico del Colegio Simón Bolívar La Salle.  

 

PREGUNTA: ¿Quién fue San Juan Bautista De la Salle?

RESPUESTA: Lo primero que debemos aclarar sobre el planteamiento de la pregunta, es que partimos de quién es, en presente, no quién fue, en pasado; porque estamos planteando una renovación constante de la obra lasallista como un memorial que se ha perpetuado por ya casi 300 años, considerando el aniversario luctuoso del patrono universal de los educadores. Lo mismo que en la doctrina cristiana o el depositum fidei, donde nos cuestionamos en presente sobre la persona de Jesús, es decir, no decimos ¿quién fue Jesús?, regularme la cuestión es ¿quién es Jesús? De ahí que una vez justificado nuestro planteamiento, diremos que san Juan Bautista de la Salle, es el sacerdote, teólogo, pedagogo, y el primero entre los hermanos, que habiendo radicado en Francia, fue capaz de conmoverse por su contexto social, de modo particular, por las clases más vulnerables. Por lo que fue capaz de renunciar a su comodidad económica y religiosa (canónigo), haciéndose hermano del prójimo.

PREGUNTA: ¿Cuáles son los antecedentes del origen de las Escuelas Cristianas?

RESPUESTA: Su obra se encontró con la oposición de las autoridades eclesiásticas que no deseaban la creación de una nueva forma de vida religiosa, una comunidad de laicos consagrados, ocupándose de las escuelas “juntos y por asociación”. Los estamentos educativos de aquel tiempo quedaron perturbados por sus métodos innovadores y su absoluto deseo de gratuidad para todos, totalmente indiferente al hecho de saber si los padres podían pagar o no. A pesar de todo, De La Salle y sus Hermanos lograron con éxito crear una red de escuelas de calidad, caracterizada por el uso de la lengua vernácula, los grupos de alumnos reunidos por niveles y resultados, la formación religiosa basada en temas originales, preparada por maestros con una vocación religiosa y misionera a la vez, y por la implicación de los padres en la educación.

PREGUNTA: ¿Cuál es su mayor aportación a la humanidad?

RESPUESTA: Un proyecto innovador de educación, donde el Evangelio se convierte en el eje transversal, consiguiendo con ello una formación integral de los maestros, y como efecto dominó, de los alumnos. Por ello en su legado patrimonial que ha dejado al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, nos encontramos referencias sobre los maestros como: ministros, ángeles custodios, padres y madres, hermanos mayores, guías, instructores, acompañantes, pastores, etc. Todo ello nos habla de un profundo aprecio por el “docente”, hoy tan devaluado. De la Salle nos invita en un acto de humildad y gratitud, a tener presentes a aquellos por quienes hoy sabemos leer y escribir, o incluso, hasta formular pensamientos o razonamientos más abstractos, con el único fin de contemplar la Verdad.