Principios para vivir la fiesta de la Candelaria

P. José de Jesús Aguilar Valdés

Origen de la fiesta

Según el pensamiento bíblico del Antiguo Testamento, la mujer quedaba impura en el momento del parto (por la sangre que derramaba en el acto de dar a luz) por lo que debía cumplir con un rito establecido para su  purificación. Para ello tenía que esperar 40 días, si daba a luz a un niño, y 80 si daba a luz a una niña. Después del tiempo esperado, la mujer se presentaba en el templo para cumplir con el rito de purificación, llevando consigo la ofrenda prescrita por la ley que consistía en presentar dos animales, que en el caso de los pobres, eran dos pichones o tórtolas.

El ritual prescribía el sacrifico de uno de los animales para que, con su sangre, se rociara al otro y después se le dejara en libertad. El significado era claro: con el precio de la sangre de uno se obtenía la libertad del otro; o dicho de otra forma, gracias a la sangre del sacrificado, la mujer impura recuperaba su pureza.

Aunque María dio a luz a Jesucristo sin perder su virginidad ni derramar gota alguna de sangre, ella se presentó en el templo para cumplir con lo que prescribía la ley. María y José llevaban consigo al Niño Jesús como también marcaba la ley: que a los cuarenta días de nacido, todo varón judío debía ser presentado en el templo.

La liturgia celebra, desde tiempos inmemoriales, la presentación de María en el templo el día 2 de febrero, es decir, 40 días después del nacimiento. Esta fiesta tuvo inicialmente un carácter penitencial y purificatorio, las personas se acercaban al sacramento de la penitencia o hacían procesiones. Tomando en cuenta las palabras del anciano Simeón, que en el Evangelio llama a Jesucristo “Luz para alumbrar a las naciones” (Ver Lc 2, 28-32), en las procesiones se utilizaban velas encendidas, lo que dio origen a que se le llamara también “día de las velas”, “día de las candelas” (candela = vela), o “Día de  la Candelaria”.

La fiesta fue presentando algunos cambios y así los padres de familia  acercaron a sus hijos pequeños para que recibieran una bendición, haciendo más hincapié en la Presentación del Niño Jesús que en la Purificación de María.

En México la fiesta se ha caracterizado desde varios siglos atrás por la presentación de la imagen del Niño Dios al templo para que sea bendecida junto con algunas velas. También  se presenta a los niños y niñas para que reciban la bendición.

En este tiempo cercano al día 2 de febrero no es raro ver en algunos lugares el siguiente anuncio: SE VISTEN NIÑOS DIOS. Y es que en nuestras familias estamos acostumbrados a compartir lo que tenemos con las personas que amamos. Por esta razón, así como cuando festejamos a alguien nos preocupamos de que ese día estrene ropa, también queremos que el niño Jesús estrene ropa el día de su fiesta, porque lo consideramos parte de la familia.

¡Ideas claras para evitar confusiones!

Es necesario tener muy claras algunas ideas para que no nos desviemos de nuestra fe.

1.- Cristo nació y fue niño, pero también murió por nosotros en la Cruz y resucitó, de tal manera que la imagen del Niño Jesús que tenemos en nuestra casa es solo eso, una imagen que nos recuerda que el Hijo de Dios se hizo hombre por nosotros.

2.- Aunque no tengamos una imagen en nuestra casa Dios está con nosotros. Las imágenes nos ayudan a sentir más su presencia y a pensar siempre en EL.

3.- Las imágenes por ello deben de ser bellas, dignas y tratadas con decoro. Por eso las cuidamos, las limpiamos y hasta las vestimos como una forma de rendir homenaje a Dios y a sus santos.

4.- Pero las imágenes no sienten y por eso no tenemos que pensar como aquella señora que decía: “Es que si no le pongo su ropita va a tener frío el niñito Jesús,  o como aquella otra que decía: “Yo cada año le cambio su ropita al niñito, no sea que se me vaya a poner triste o a enojar”.

5.- No es necesario cambiarles de vestimenta cada año. Más aún, si queremos ponerles un vestido digno y verdaderamente bello, hasta valdría la pena hacerles uno solo.

6.- Cristo fue el modelo de vida para los santos. Son los santos quienes se quieren parecer a Cristo, por eso no vistamos al niño Jesús de santos. Como se oye a veces por ahí: “Pues ahora está de moda vestirlos de San Judas Tadeo”, o “Yo para ser original lo voy a vestir de Juan Diego”, o “Es que se ve re chulo vestido de San Miguel, con su espadita y toda la cosa”. Es cierto que algunas personas hacen “mandas” y para cumplirle a algún santo visten al Niño Dios de ese santo, pero no es lo más correcto.

7.- Por muy ejemplares que sean para nosotros los santos, no debemos confundirnos y no debemos “disfrazar” a Cristo de santo.

8.- En todo caso si queremos ponerle un traje de una advocación vistamos a Cristo de Cristo, por ejemplo: de Niño de las Palomitas (recordando el significado del sacrificio), de Nazareno, de Sagrado Corazón, de Cristo Rey, de Cristo Sacerdote, de Buen Pastor, etc.

9.- En muchas ocasiones, las personas que se dedican a vestir imágenes, sólo tienen intereses de venta, por lo que incluso ofrecen novedades o rarezas. No nos dejemos llevar por ocurrencias o modas que llevan a algunas personas a vestir la imagen de Charro, o de otras cosas, porque correríamos el riesgo de confundir una imagen sagrada con un juguete

10.- No es necesario seguir ciertas normas que algunas personas ponen como indispensables. A veces se oye en las charlas: “Mi niño Dios ya cumple tres años con los mismos padrinos así que ya lo podemos sentar”, o “No comadre, no se puede cambiar de padrino hasta el tercer año”, o “los padrinos son los que escogen y pagan el trajecito”, etc.

11.- Sigamos con nuestro amor a Dios, a Cristo y a los santos. Aprovechemos que las imágenes nos hacen sentir más su presencia. Sintamos que Cristo es parte de nuestra familia, pero no caigamos en errores que desvíen nuestra fe y se conviertan en motivo para que los 2católicos seamos criticados como idolatras.

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