Preparar mi casa para la llegada del Rey

Cecilia Elizondo L.

¡Un año más se acaba, viviremos otra Navidad! Y es así como empiezan los planes: ¿con quién la pasaremos?, ¿qué cocinaremos para el 24?, los regalos, las compras, las posadas…. y a todo esto, ¿a quién festejamos? ¿Por qué tanto bullicio? Nada más ni nada menos que quien viene es Jesús, ¡el Hijo de Dios!

¿Cómo me tendría que preparar si voy a recibir a un Rey? ¿Qué tendría  que hacer en mi casa, con mi familia y con mi persona, si tuviera el honor de recibir a un personaje de tal importancia? Seguramente movería citas, horarios, limpiaría, adornaría, compraría… y haría muchas cosas diferentes para recibir con el honor que merece al Rey… pero para que esto suceda…

¡Pues te doy la gran noticia de que no sólo a tu casa, sino a tu familia, a tu trabajo, a tu vida, llega Jesús, el Hijo de Dios, el Rey de tu Vida…! Lo bueno es que te estoy avisando con tiempo para que te prepares y puedas hacer con tranquilidad y claridad todo lo que supone recibir a tan gran personaje. Es esta preparación profunda y consciente a lo que llamamos Adviento, y dura cuatro semanas, suficientes para que tengas todo listo, sobre todo tu corazón, tu actitud, tu disposición.

Y ¿cómo me preparo pues soy humilde, pecador y con muchos defectillos…? Pues muy fácil, primero reflexiona y pregúntate: ¿qué tengo que limpiar de mi casa, de mi vida, de mi familia? Y esto es: ¿qué cosas me separan de Dios?, ¿cómo lo ofendo? ¿En qué le he fallado?, ¿falta de generosidad, de amor, de humildad, de justicia para con mi esposa, hijos, amigos, padres…? Esta reflexión te ayudará a ver con mayor claridad lo que estaba “sucio” y podrás poner “manos a la obra” para remediarlo, pero todo esto es a nivel humano, pero si quieres algo trascendente, que te dé la gracia y la fuerza espiritual para mantenerte “limpio” acude a la Confesión y así Jesús, el Rey, llegará a un corazón, a una familia y a una vida limpia.

Ya que hayas “limpiado”, ahora “ordena”… ¿pero qué hay que ordenar? Pues todo: tus valores, tus creencias, tus prioridades. Pregúntate qué tan ordenado eres en tu persona, en tu espiritualidad, en tu familia. ¿A qué le das prioridad en tu vida? ¿ A tus diversiones, a tu trabajo, a tu familia, a tu Matrimonio, a Dios? ¿O simplemente la jerarquía de mis prioridades es adecuada? ¿Qué tengo que cambiar para recibir a Jesús como el merece?

Ahora que tu “casa”, tu “alma” está limpia y ordenada, adórnala con detalles de amor, de alegría, de generosidad. Son esas virtudes que puedes ir desarrollando en las actividades diarias. Este tiempo de Adviento es muy propicio para desarrollar virtudes y luchar por su permanencia.

Teniendo casa limpia, ordenada y adornada, ahora hay que disfrutar y estar alegres por quien viene a habitar mi casa, por quien le dará luz, paz, tranquilidad y sobre todo “sentido” trascendente. Porque Él me dará una felicidad auténtica que no me da ni el dinero, ni las posesiones, ni la belleza, ni el éxito mundano, y así viviendo esa alegría que viene de Dios yo estaré más preparado para llevar esa Alegría a los demás en mi familia, en mi trabajo y con toda la gente que me rodea.

Pues esto es el Adviento, tiempo de preparación, de reflexión, de alegría y de esperanza, esperar al Hijo de Dios que cambiará mi vida y la llenará de sentido y de amor.

Un elemento que nos ayuda a vivir el Adviento con mayor plenitud es la corona de Adviento, que consiste en un follaje verde circular que contiene cuatro velas y un moño rojo. Cada vela representa una semana de las de preparación, cada domingo de Adviento se enciende una vela y se reflexiona sobre la limpieza, orden, adorno o alegría que se está viviendo como familia o como persona. La corona circular representa la eternidad, el moño rojo, el amor de Dios y las velas la fe con la que preparamos nuestro cambio interior cada semana.

¡Vivamos un Adviento diferente y profundo para recibir a Jesús como Él merece!

 

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