¿Por qué celebrar a los pobres?

P. Robert Havens *

 

¿Para qué celebrar la desgracia? Lamentarla, sí. Luchar contra ella, aliviarla, por supuesto. Pero, ¿celebrarla? ¿Para qué?

La invitación del Santo Padre Francisco a todos los católicos a que dediquemos este 19 de noviembre –y todos los penúltimos domingos del Año Litúrgico– a una Jornada Mundial de los Pobres, nos podría evocar estas preguntas. Todos queremos ayudar a los pobres, pero ¿celebrarlos con un día dedicado justo para ellos?, ¿qué le pasa al Santo Padre?

Para entenderlo, ayuda leer su discurso del 13 de junio de este año. En él, el Papa nos invita a reflexionar por qué los cristianos amamos tanto a los pobres. Nos recuerda que ante todo, amamos a Cristo. Y si nos fijamos, nos damos cuenta de dos aspectos de la vida de Cristo: primero, él amaba mucho a los pobres. Segundo, él eligió la pobreza como estilo de vida. Como tal, si amamos a Cristo, amaremos casi automáticamente a los pobres. Y lo que se ama, se celebra.

También dice el Papa algo muy importante: si no amamos mucho a los pobres, puede ser que no amemos tanto a Nuestro Señor. El Santo Padre lamenta las “palabras vacías” de muchos cristianos: “decimos que amamos a Cristo, pero luego nuestros hechos para con sus amigos predilectos –los pobres– desdicen nuestro amor”.

Para corregir esto –dice el Papa–, en primer lugar tenemos que crecer en nuestro amor por Cristo. ¿Cómo? Dándonos cuenta de cuánto Cristo nos amó. Y ahí entramos en el elemento clave que distingue la caridad cristiana de cualquier otra caridad: nosotros amamos no sólo por motivos humanitarios o para tranquilizar nuestra conciencia frente a tanto sufrimiento. No. Nosotros amamos porque Alguien nos amó, sacrificándose y derramando hasta la última gota de su sangre por nuestro bien. En respuesta a este gran amor, nosotros le amamos a Él.

Pero, ¿cómo amar a Cristo? Él mismo nos da la respuesta: “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí” (Mateo 25, 40).

Un gran peligro cuando se trata de ayudar a los pobres es perder de vista por qué los amamos, les ayudamos. Y el Papa insiste mucho en que recordemos esto: “amo a los pobres porque amo a Jesús”.

¿Cuáles son los pasos concretos que nos sugiere el Papa para celebrar a los pobres y expresar nuestro amor hacia ellos? Ciertamente, la palabra clave es “encuentro”. Dice el Papa: “No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado…” Nuestras interacciones con ellos deben, más bien, “introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres, y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida” (Discurso del 13/6/17, no. 3).

¿Qué quiere decir esto? Simplemente, que el verdadero amor no se limita a un gesto. El esposo que limita su amor a un besito para la esposa y los niños antes de salir al trabajo, no podrá convencer a nadie de que ama a su familia. Y no eres aficionado a un equipo de futbol sólo por ponerse la camiseta. ¡Te tienes que meter! El amor implica involucrarse, salir al encuentro.

Y ahí está el sentido de esta Jornada Mundial de los Pobres. El Papa nos invita a salir, a conocer a los pobres, a involucrarlos e integrarlos en nuestra vida diaria, en nuestra vida de parroquia. Hermanos y hermanas, este mensaje nos viene como anillo al dedo en nuestra Arquidiócesis de México. En todas nuestras parroquias hay hermanos y hermanas pobres, personas que vemos todas las semanas y que, seguramente, ayudamos con una monedita o un taquito. Pero, si son nuestros hermanos, ¿por qué limitamos nuestra interacción a esto? ¿Por qué no platicamos con ellos como con iguales? ¿Por qué muy pocos de ellos se sienten completamente bienvenidos a celebrar la Misa, participar en las kermés y en las actividades con nosotros? Si te has fijado, muchos están en las puertas de la iglesia, sin estar en la iglesia. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: porque no los amamos de verdad.

Ojalá celebremos esta primera Jornada Mundial de los Pobres iniciando verdaderos momentos de encuentro con los pobres que nos rodean, encuentros que se extienden a lo largo del año. Ésta sería la verdadera “inclusión”, sería el verdadero amor.

 

*Director de Desarrollo Institucional de Cáritas Arquidiócesis de México.

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