Piénsalo 2 veces: El testamento

Alberto Quiroga

Paul llegó muy tarde del trabajo, y como siempre, encontró servida la cena que le preparaba su esposa, que en esa ocasión incluía un “pan de muerto”. Comió de mala gana y se quedó dormido en la sala. Soñó que moría y que un abogado leía su testamento: “A mi esposa, le dejo mi abandono, todas esas noches solas en las que me inventaba horas extra para no estar en casa. A Jorge, mi hijo el mayor, le dejo la duda de si alguna vez lo quise y la molestia de saber que le puse así por un jefe, a ver si me daba un aumento. A Gloria, la de en medio, le dejo el trauma de llamarla ‘gorda’, y de jamás apoyarla en sus problemas; y a Quique, el menor, le dejo la carga de ser un inútil, porque traté de compensar en él todos mis errores como padre, complaciéndolo en todo lo que me pedía.

Paul, en estado espiritual, escuchaba la lectura pero no podía decir nada en su defensa por carecer de voz, pero sobre todo de argumentos. El abogado continuó: “Además, por partes iguales, les dejo todos mis defectos, todos mis errores y todos mis fracasos, yo se los achacaba a ustedes en vida, pero ahora muerto sé que solamente me correspondían a mí, y ahora, como míos, se los entrego, pues a fin de cuentas ya están sufriendo las consecuencias. No tengo nada más que darles”.

Paul, en el sueño, veía como después de muerto seguía arruinando la vida de su familia. Por primera vez no silenció su conciencia echándoles la culpa, sino que aceptó la responsabilidad de sus actos. Se prometió que si pudiera volver a vivir cambiaría lo que estuviera en sus medios… y se despertó.

Como primer paso, escribió la reseña de su sueño con todo y testamento, para que quedará un testimonio de lo que él se proponía cambiar.

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