Padre Juan Peña Villanueva: “El nuevo Arzobispo debe engrandecer a la Iglesia Ortodoxa de Antioquía”

Guillermo Gazanini Espinoza

El pasado 14 de junio, el Arzobispo de México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe de la Iglesia Católica, Apostólica, Ortodoxa de Antioquía, Antonio Chedraoui Tannous, murió después de un prolongado episcopado que inició un día de 1966 para apacentar a una Iglesia minoritaria. A Chedraoui se le recuerda por sus fastuosos banquetes en el día de su santo, San Antonio, el Grande, congregando a las élites, a la crema y nata de la política lo que le valió ser objeto de duras críticas particularmente de los llamados especialistas que veían en el Arzobispo al clérigo príncipe asociado al poder; sin embargo, no obstante su fuerte personalidad, promovió una Iglesia que, a lo largo de medio siglo, ha fincando actividades y misiones auspiciadas por familias acomodadas en favor de los pobres bajo el liderazgo espiritual del desaparecido Arzobispo nacido en 1932 quien fue formado en la Universidad de Atenas y ordenado en 1958 para que, después de un breve presbiterado, fuera elevado al episcopado en 1966.

Para conocer algunos aspectos de la personalidad del Arzobispo Antonio Chedraoui y de la actividad apostólica de la Iglesia Ortodoxa de Antioquía, entrevisté al padre Juan Peña Villanueva (1943, San Luis Potosí). Sacerdote desde hace más de 20 años es encargado de la Catedral de San Jorge en la colonia Roma.

Esposo, padre y abuelo, se convirtió a la ortodoxia después de una formación en el catolicismo particularmente en el Movimiento de la Renovación Carismática en el Espíritu Santo. Ahora administra los sacramentos en esta Iglesia y desempeñó diversas actividades de forma cercana al finado Arzobispo. Una interesante platica en la Catedral del San Jorge, cuyo templo es adornado por los magníficos íconos que revelan la severidad y ternura de los santos contemplando el misterio de Cristo. Un templo de los años 40 donde vive el padre Juan, en un ambiente austero y sencillo. Un hombre preocupado por el futuro de la humanidad y cuyo diálogo sincero y directo revela su convicción por el esplendor de la ortodoxia en el marco del interesante proceso de sucesión que se abre para nombrar al nuevo Arzobispo.

A juicio del padre Peña, la muerte de Antonio Chedraoui, el Sayedna, señor, como le llama, abrió un gran hueco. Con más de cincuenta años en la Arquidiócesis, dice el clérigo, “no es sencillo resumir su obra y personalidad.

Significó mucho entre los fieles y en la fraternidad ortodoxa, él era padre y pastor. Su larga permanencia entre nosotros hace difícil encontrar una persona como él por su fuerte carácter y formación cristiana. Es difícil llenar ese hueco”.

Antonio Chedraoui fue señalado como amigo de políticos y cercano al poder. ¿Cómo entender estos acercamientos y amistades que parecen contrastar con las de un clérigo que debe guardar la humildad? “Contaba con muchas amistades en el ámbito político, conocía también a muchos líderes de otras iglesias. Tenía una forma de concebir su papel pastoral dándole protección y coyuntura a la Iglesia misionera ortodoxa. Trataba de ser amigo de todos, no para beneficiarse de sus relaciones personalmente, su primordial sentido no era cubrirse de privilegios, era dar protección a la Iglesia para su desarrollo y crecimiento en paz, en armonía con el poder político y frente a otras confesiones”.

La Iglesia ortodoxa de Antioquía en México tiene sus orígenes a finales del siglo XIX cuando migrantes provenientes de Oriente medio hicieron de la nación mexicana su nueva patria. Y tenían necesidades espirituales cuya tradición no era cubierta por la confesión mayoritaria. La Iglesia ortodoxa de Antioquía vio su constitución canónica en la década de los sesenta. Desde 1943, los fieles se organizaron para edificar el primer templo en la calle de Tuxpan 30, colonia Roma, y abierto al culto en 1947 dedicado a San Jorge.

En 1966, el Patriarcado ortodoxo de Antioquía envío a Antonio Chedraoui quien había recibido la dignidad episcopal y ser el vicario patriarcal para México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe a fin de atender las necesidades espirituales de las comunidades ortodoxas. El 12 de junio de 1996, el Sínodo del Patriarcado elevó el Obispado de México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe a la categoría de Arzobispado y el primer Arzobispo Metropolitano fue Chedraoui Tannous quien nació en El Líbano el 17 de enero de 1932.

¿Cómo ha sido el desarrollo de la Iglesia en México? Con veinte años como fiel y clérigo de la iglesia de Antioquía, el padre Juan lo explica. “Una gran parte de los fieles que asiste a nuestras liturgias es de origen mexicano. Hay árabes, de ascendencia sirio libanesa, pero la Iglesia está dirigida al pueblo de México que quiere conocerla y se queda en ella”.

¿Es una iglesia selectiva o de puertas cerradas? “De ninguna manera. Está abierta al pueblo de México. Nuestros fundamentos y bases religiosas son sirio libanesas. El Patriarcado de Antioquía es de los más antiguos en la historia del cristianismo”.

Y el territorio de la Arquidiócesis de México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe hace pensar en una inmensa extensión que exige las mayores atenciones espirituales. ¿Cómo son los fieles de la iglesia? El padre Juan explica que es una comunidad grande, que “en realidad aglutina pequeñas comunidades de ascendencia sirio libanesa que se han integrado de las diversas nacionalidades que abarca el Arzobispado. En la Ciudad de México hay unas 500 familias aproximadamente que conforman la comunidad ortodoxa de Antioquía. Los sirio libaneses se van integrando a la sociedad y van fundando estas comunidades.
La obra misionera de la Iglesia de Antioquía tuvo sus inicios en Mérida, Yucatán, para la formación de comunidades regionales. Otra misión es la de Tijuana, ahí hay una Casa Hogar con una parroquia para la asistencia, junto con ortodoxos de Estados Unidos, de la niñez desamparada y los pobres. Se estableció una Casa Hogar y seminario en Jilotepec, Estado de México, además de la construcción de la iglesia de San Pedro y San Pablo como cátedra del Arzobispo.

En cuanto al clero, el padre Juan afirma que son pocos los ministros en el país. “La formación del clero ortodoxo es para nosotros mismos en México. Hay un gran seminario en Balamand que cubre Siria y el Líbano en donde se preparan clérigos de diversas partes del mundo estudiando, básicamente, la teología. La tradición es formarlos en esos seminarios para salir en misión como archimandritas y ayudar en la formación de sacerdotes.

Además de la formación sacerdotal, está la propia del Obispo quien enseña de manera espiritual. Forma a sus futuros sacerdotes, los conoce e induce en los estudios para que, en el momento que lo considere conveniente, sean personas idóneas para ejercer el sacerdocio en la administración de sacramentos y la predicación”.

En vista de la sucesión que se ha abierto por la desaparición del Arzobispo Chedraoui, la designación del futuro pastor de la Iglesia de Antioquia en México lleva cauces diferentes a los que ordinariamente conocemos en el catolicismo. ¿Cómo se realiza el nombramiento y de quién depende? La sustitución de toda autoridad eclesiástica, afirma el padre Peña, “tratándose de un Obispo o Patriarca, está normado. En el Patriarcado hay registros de todo el clero a nivel mundial con todas sus cualidades y preparación. Los registros nacen de cada una de las diócesis y Arquidiócesis y son enviados al Patriarcado. El Obispo del lugar sabe quiénes pueden ser elevados a la dignidad episcopal, son sacerdotes y archimandritas. El personal elegible, según Sayedna, había sido escogido por él para que fuera nombrado en cualquier momento. Los registros son generales y de ellos se puede tomar a alguien cuando se requiera.

Esos elegibles ya están desde hace tiempo en el Patriarcado. Sobre una lista amplia que incluye al clero de la Arquidiócesis y de otras partes del mundo, el Sínodo y el Colegio de metropolitanos, eligen a seis. De esos seis, el Colegio elige a tres y después a uno que es presentado al Patriarca quien emite su opinión favorable o las reservas.

Hasta que todo mundo esté de acuerdo con esa designación, se comunica al elegido para ser ordenado en el Patriarcado. Ese proceso está realizándose. Tengo entendido que a principios de octubre hay un Sínodo pudiendo darse la elección. Desde luego hay prioridades, hay más lugares necesitados de obispos y además deben tratarse otra serie de asuntos. No tenemos Arzobispo, pero en previsión, el Patriarca Juan X eligió a un vicario patriarcal, el archimandrita Fadi Rabbat, quien se encarga de los asuntos administrativos de la Arquidiócesis.

¿Quién será el nuevo Arzobispo? “Es muy difícil saberlo porque depende de los registros y de lo que necesiten los obispos y el Patriarca mismo. Esperemos que en octubre haya “humo blanco”. El nuevo Arzobispo sería ordenado en el Patriarcado de Antioquía en una misa solemne. Aquí sería entronizado. Pudiera estar aquí un enviado del Patriarca para acompañarlo a la sede que ocupará de por vida.

En esta expectativa del nombramiento del nuevo pastor, la Iglesia ortodoxa de Antioquía enfrenta los retos de una sociedad plural con el amplísimo abanico de opciones religiosas y de nuevos movimientos que arrastran a muchos fieles de las Iglesias tradicionales hacia los estilos carismáticos, evangélicos y hasta mágicos en el irrefrenable proceso de secularización.

¿Qué retos debe enfrentar el sucesor de Antonio Chedraoui? El padre Peña afirma que esos mismos deben ser asumidos por el Arzobispo y fieles en conjunto desde la integridad de la fe ortodoxa. “El reto está planteado a la cristiandad, a la fe cristiana agredida por el secularismo. Son tiempos difíciles donde se abusó del liberalismo permitiendo la confusión de las ideas. Los medios son agresivos en cuestiones espirituales y hay menos necesidad de acudir a Dios. Pero hay un núcleo sustantivo, el resto, que quiere ir a Dios. Hay muchas dificultades para difundir la doctrina cristiana, hay pocos y verdaderos creyentes. En la medida que estos crezcan el futuro será más alegre.

Estos serían los verdaderos retos. Extender el amor cristiano que involucra a la sabiduría y conocimiento.

Ante las críticas que levantó el difunto Arzobispo de asociarse a las élites económicas y políticas, la pregunta ineludible parece indicar si el sucesor debería apartarse de esa imagen para hacer un episcopado alejado del poder. “No creo que deba apartarse o acercarse a esa imagen.

Ese estilo lo creó el señor Arzobispo. Hizo lo que creía y lo hizo bastante bien. La Iglesia no debe mezclarse con la política, pero se convive en una sociedad de distintas fuerzas reales y de poder político. La Iglesia no puede estar fuera de eso por su misma sobrevivencia. ¿Qué tanto se unen y reúnen? Depende de cada persona. Sin embargo, en el centro de cada Arzobispo o persona ordinaria debe estar Cristo, nuestra misión es ayudar en el terreno espiritual.

¿Qué Iglesia encontrará el nuevo Arzobispo? El centro de nuestra Iglesia es Nuestro Señor Jesucristo. Nos reunimos, domingo a domingo, en fraternidad y amor que hemos podido cultivar bajo el ejemplo del Arzobispo para congregar y conciliar. Siempre hay pensamientos distintos, pero tenemos un punto de unión, Jesucristo. En torno a Él debemos acercarnos. Nos presentaremos ante el nuevo Arzobispo como personas que esperan ser guiadas por las mejores directrices cristianas. Esperamos en Dios que venga a engrandecer a la Iglesia, hacerla mejor, más poblada, pero sobre todo, más formada en Cristo.

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