Opinión: Norberto Rivera Carrera hace público el informe sobre el estado de la Arquidiócesis Primada de México.

Guillermo Gazanini Espinoza

Después de la renuncia del cardenal Norberto Rivera Carrera, muchas voces se alzaron aún dentro de la Arquidiócesis. Reclaman y acusan al Administrador apostólico de veintidós años que acaban en una conclusión demasiado temeraria: desastre pastoral. Sin mayores elementos que los de urgir a la renovación de una “dañada Arquidiócesis”, el nuevo período Arzobispal, aseguran, será como una especie de terapia intensiva para reanimar a un paciente en franco estado de crisis. Una imagen por demás injusta de opiniones que no han conocido pormenorizadamente la construcción y desarrollo pastoral de la Arquidiócesis Primada de México.

Poco se ha difundido, a mi parecer, un hecho relevante e inédito que abona al conocimiento del gobierno de Norberto Rivera Carrera. El pasado lunes 15 de enero, el sistema SIAME, divulgó el “Informe general del estado que guarda la Arquidiócesis Primada de México”. En poco más de 80 apretadas páginas, el “informe ejecutivo” – a manera de síntesis- otorga el panorama de una compleja estructura consecuencia de los lineamientos emanados del II Sínodo y del peculiar decreto sobre la Organización y Gobierno Pastoral del 29 de noviembre de 1998 -Año del Espíritu Santo-

En orden a la sucesión, el Informe aporta el logro más importante del ambiente sinodal: Articulación pastoral en delegación de funciones bajo los criterios de unidad y descentralización, pero teniendo al Arzobispo como signo de unidad y comunión.

Varios datos llaman la atención. La revitalización de la pastoral arquidiocesana se ve en el flujo de actividades concentradas en organismos especializados, pero hay un peculiar interés en la documentación de la memoria histórica del Arzobispado quizá con uno de los acervos más importantes después de los anales que resguarda el Archivo General de la Nación. La archivística ha sido monumental y el principal fruto son las guías documentales abarcando varios siglos de historia resguardados por el Arzobispado de México y Basílica de Guadalupe.

La Comunicación social ha sido el aspecto más visible y también el más golpeado. La oficina concentra un buen número de laicos y desde ahí se produce la información para la fuente religiosa nacional. No es pura casualidad el fortalecimiento de esta área dada la vocación de Rivera Carrera en los medios de comunicación desde que era un joven seminarista y sacerdote. Es notable, además, que dada esta estructura comunicativa, sea la Santa Sede la que confió a la Arquidiócesis de México la impresión, distribución y venta de L´Osservatore Romano, el semanario oficial del Papa y de la vida de la Iglesia Universal.

La vicaría judicial resalta por ser una de las oficinas curiales en contacto directo con usuarios y fieles quienes asisten a la Curia para la atención de los procesos de nulidad canónica. Como dependencia “autofinanciable” genera recursos que recibe por dos vías: En forma de honorarios estipulados en parcialidades o por donativos de las partes que no puedan desembolsar una cantidad mayor. Gracias a la instrucción del primado de México, la justicia debe ser accesible y la cuestión económica no es impedimento para gozar de los servicios del Tribunal eclesiástico.

La formación sacerdotal y de los laicos es de importancia por tratarse de un elemento vital para el futuro arquidiocesano. Independientemente de la conformación de los tres seminarios, uno de los méritos ha sido la centralización de la educación católica. El antiguo Instituto de Formación Sacerdotal de la Arquidiócesis de México (IFSAM) cedió ante el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos (ISEE) y posteriormente a la Universidad Lumen Gentium. Para los laicos, la actualización a través de los Cefalaes (Centros de Formación para Agentes Laicos para Acciones Específicas) como principales células de acción evangelizadora en parroquias y decanatos.

Mención aparte merece la Universidad Pontificia de México (UPM). Su diseño y construcción ha caminado hacia una consolidación histórica para ser de las mejores instituciones nacionales vinculadas a la Santa Sede. Con dificultades económicas, la UPM cuenta con el apoyo de una colecta nacional. Poco a poco pretende un equilibrio financiero lo cual se ve reflejado en sus ambiciosos proyectos para la ampliación de servicios, becas y de la apertura de sedes en diferentes puntos de la República mexicana.

En cuanto a la seguridad social sacerdotal, el arzobispado camina con no pocas dificultades. Los principales instrumentos de protección son el Sistema de Gastos Médicos Mayores y el Fondo Solidario de Pensiones para la Arquidiócesis de México. El próximo Arzobispo de México ha dicho que esta será una de sus preocupaciones principales, fortalecer la seguridad social de 2417 sacerdotes y religiosos afiliados cuyo cuidado depende de la Arquidiócesis.

El rubro económico tiene notable complejidad que no debe centrarse en una dependencia exclusivamente. Si bien existe un Consejo de Asuntos Económicos, mismo que en teoría da orden a las finanzas arquidiocesanas, el Informe reconoce que el dinero ha sido de los aspectos difíciles particularmente en las Vicarías territoriales. Las principales fuentes de riqueza son las más 400 parroquias obligadas a entregar un 10 por ciento de sus ingresos a la economía general y ser aplicada a las Vicarias generales y para obras de evangelización. La Arquidiócesis “ha podido reorganizar su economía” y “tomando como base el año 2016 han ido en aumento los recursos obtenidos”; sin embargo, es de considerarse a las Vicarías Territoriales cuando, por ejemplo, la IV Vicaría declara ingresos muy limitados y aspectos incosteables debido a la falta de pago del 10 por ciento. Los seguros sacerdotales no tienen pagos completos “lo que tiene descapitalizada a la Vicaría” aunque los “siniestros, padres enfermos y fallecidos, se han atendido y apoyado aún a veces de quienes no han pagado sus cuotas”.

Los anexos ofrecen más información sobre entidades particulares: Catedral y la Basílica de Guadalupe. Sobre el cabildo metropolitano hay la “preocupación” para que existan los suficientes emolumentos que garanticen el sustento de los canónigos, particularmente de seguridad médica así como las pensiones de los jubilados. Basílica de Guadalupe, cuya planta sacerdotal asciende a 32 presbíteros, atiende a más de 20 millones de peregrinos al año -el segundo lugar lo tiene la Basílica de San Juan de los Lagos en Jalisco, con cinco millones anuales- acogiendo el equivalente a toda la población de la Ciudad de México y el Estado de México en conjunto. En cuanto a sus finanzas, reportó un incremento en 2016 del 15.3% en relación al año anterior y se percibe una tendencia creciente del 35% desde 2011. Prácticamente, Basílica estaría en un equilibrio entre ingresos y gastos.

Por lo demás, hay referencia explícita de los múltiples trabajos de pastoral y de acción caritativa en la gran capital del país. Quizá haya omisiones que podrían haberse justificado en las temáticas respectivas como aquél frustrado programa vocacional del milenio para tener a 500 seminaristas mayores, las causas ante los escasos aunque constantes sacerdotes ordenados al año, las misiones en el extranjero, la situación de los múltiples templos dañados y colapsados en los sismos de septiembre o el fortalecimiento de los diversos ministerios laicales que no logran despegar con suficiente autonomía; no obstante, se equivocan quienes creen que el Informe debería ser una especie de dossier de investigación o de inquisiciones judiciales con expedientes penales. No es el propósito.

El Informe ofrece elementos que, a nivel del laico raso, permiten construir juicios para la mejor forma de evangelizar. Porque la Iglesia de México se encuentra en una Ciudad Estado que exigirá más de ella y en esto es importante desterrar lo que se consideraba como discreción y secrecía. Ante una sociedad cada vez más crítica, eso no es posible.

En otro artículo escribí: “La estructura y el servicio pastoral obedecen a estos trazos sinodales de los que el nuevo Arzobispo está familiarizado y llevará a cabo. Sería ingenuo e iluso, como se trata de hacer ver a la opinión pública, que el cardenal Aguiar vendrá a hacer nuevas todas las cosas para barrer con lo anterior…”

El gran mérito, a mi juicio, es que se pone a disposición del público en general datos suficientes para conocer que, en el gobierno de Norberto Rivera Carrera, el esfuerzo de reordenamiento vino a dar certidumbre cuando, en el pasado, la evangelización obedecía a piadosos impulsos y corazonadas de buena voluntad más que a una estructura orgánica; además el camino de esta Arquidiócesis no se trata de encomiendas a partidos o a hombres de derechas y de izquierdas o para satisfacer peculiares deseos de revancha contra el Administrador Apostólico. El Informe obedece a una inercia con profundos trazos históricos que no comenzaron con Norberto Rivera Carrera o Carlos Aguiar Retes; sin embargo, a ellos toca fortalecer para apretar tuercas donde la maquinaria esté desvencijada y reimpulsar las cosas para llevar a buen puerto el fin último de la Iglesia que supera a cualquier empresa o partido político. Esto es preferible que la antigua secrecía.

 

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