Opinión: Los tonos de la visita de Karekin II

Guillermo Gazanini Espinoza/Periodista Digital

El lunes 30 de octubre, Karekin II, patriarca supremo y Katholicós de todos los armenios estará en México en un viaje apostólico considerado histórico por la comunidad armenia de la diáspora en América. Ese país se dice heredero de la evangelización de los apóstoles Judas Tadeo y Bartolomé y afianzada por Gregorio, el Iluminador, el santo que renunció a su vida matrimonial y que sufrió padecimientos indecibles por más de catorce años encerrado en un pozo en la llanura del Monte Ararat, lugar donde, según las tradiciones, estarían los restos del Arca bíblica de Noé. La Apostólica de Armenia encabezada por el Katholicós de todos los armenios, Karekin II tendría su origen tras el conflicto monofisita –doctrina que afirmó que en Jesús estaría la naturaleza divina no así la humana subsumiéndola- separada desde el Concilio de Calcedonia de 451 cuando esa parte de la Iglesia consideró la vuelta al nestorianismo después del Concilio de Éfeso.

Karekin II proviene de un largo linaje asumiendo el título de Katholicós (Universal) otorgado desde la antigüedad a dignatarios seculares pasando después a los patriarcas eclesiásticos. Como iglesia apostólica ortodoxa es autócefala y autónoma, su historia viene desde la misma era apostólica sucediéndose en prolongadas dinastías y linajes que lucharon por la preservación del cristianismo contra la influencia del islam e invasiones musulmanas. El Katholicós de los armenios tiene su sede en la santa Echmiadzin, capital espiritual, ciudad en la provincia armenia de Armavir a la manera del Vaticano de la Iglesia católica romana, pero sin jurisdicción internacional albergando a la catedral sede del Katholicós quizá el primer edificio cristiano levantado en honor el Hijo de Dios cuya primera construcción data del siglo IV y en torno a ella gravitan varios edificios de índole espiritual y burocrático para la administración de la iglesia apostólica.

Su Santidad Karekin II es patriarca desde 1999 cuando su antecesor, Karekin, de nombre secular Neshan Sarkissian (1933-1999) murió debido al cáncer. El pontificado de Krtich Nersessian (1951) se distingue por el particular acercamiento con la Iglesia católica para derribar los muros de la división que han separado a la cristiandad. El gesto más reciente fue el 26 de junio de 2016 cuando Francisco y Karekin II adoptaron una declaración conjunta en la capital espiritual de Armenia.
La firma estrechó el diálogo entre ambas iglesias, trabajar por la unión y, sobre todo, se tradujo en una especie de santa alianza ante los desafíos del secularismo y destrucción de los valores debido a la penetración de ideologías contra los principios del cristianismo y, en consecuencia, del occidente. Y también, aunque de manera secundaria, de la memoria del Gran Mal cometido en contra del pueblo armenio a manos del Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial. Tal declaración recurrió a la visita del Papa Juan Pablo II en 2001 para reforzar las “relaciones cálidas y fraternales entre la Iglesia Apostólica Armenia y la Iglesia Católica” sin olvidar «el exterminio de un millón y medio de cristianos armenios, en lo que se conoce generalmente como el primer genocidio del siglo XX»

Juan Pablo II dirigió una Carta apostólica con motivo del 17 centenario del bautismo del pueblo armenio. El Pontífice santo resaltó la historia de mártires que dio origen a la Iglesia apostólica manifestando su gratitud por la “fidelidad a Cristo, fidelidad que ha conocido la persecución y el martirio. Los hijos de la Armenia cristiana han derramado su sangre por el Señor, pero toda la Iglesia ha crecido y se ha robustecido en virtud de su sacrificio. Si hoy Occidente puede profesar libremente su fe, se debe en parte a los que se inmolaron, haciendo de su cuerpo una defensa para el mundo cristiano, hasta sus últimos confines”.

Para conmemorar ese 17 centenario, el Papa Santo viajó a la pequeña República en septiembre de 2001 peregrinando a esa tierra llevándolo también a Kazajstán. El 25 de septiembre, el sucesor de Pedro besó esa región de Cáucaso y expresó la intención de su visita como la de un “viaje espiritual para honrar el extraordinario testimonio de vida cristiana que ha dado la Iglesia apostólica armenia a lo largo de tantos siglos, y sobre todo en el siglo XX, que para vosotros fue un tiempo de indecible terror y sufrimiento”. (Discurso de bienvenida en el aeropuerto de Ereván, 25 de septiembre de 2001).

La conmemoración de la aceptación de la fe también tocó la fibra sensible que siente aún dolor en el recuerdo del primer genocidio del siglo XX en donde murieron más de un millón de armenios, víctimas de la opresión del Imperio otomano en abril de 1915, discusión histórica que aún lleva a discrepancias internacionales al recordar las políticas de exterminio de “Los Jóvenes Turcos” que aspiraron por un país unificado donde no cabían minorías religiosas y étnicas.

La visita de Karekin II a México tiene tonos que pretenden una sola armonía. El más generoso, sin duda, es el de la solidaridad a raíz de los sismos del septiembre. El 7 de diciembre de 1988, la antigua República Socialista Soviética Socialista de Armenia se sumó a las fichas de dominó que colapsaron al imperio soviético. La primera de ellas fue el accidente nuclear de Chernóbil, la segunda el desastre tras el terremoto de más de 7 grados que devastó más del 40 por ciento del territorio armenio.

Como en Ucrania, el sistema socialista se vio rebasado, prácticamente paralizado para remontar la tragedia que, en suma, según las cifras oficiales, cobró la vida de 25 mil personas, 500 mil quedaron sin casa, 140 mil quedaron heridos o inválidos y más de 250 niños quedaron sin escuelas. El temblor devastó el sistema de hospitales y 300 fábricas colapsaron lo cual era muy grave si se considera que en la era soviética, Armenia era una región industrial fundamentalmente.

El segundo tono es la visita a una pequeña comunidad de apenas dos mil personas que viven en México. Descendiente de la diáspora armenia después del genocidio, llegaron al país para ser influyentes en la economía. Apenas en organización, la Iglesia apostólica armenia depende de la Arquidiócesis de Los Ángeles; muchos mexicanos descendientes son católicos, sin embargo, no dudan en demostrar su simpatía a Karekin II a quien le dan el trato de líder espiritual.
Y quizá el tercero, y por eso controvertido, la presencia de Karekin II en México suscita la persistencia de la memoria de un capítulo oscuro de la historia de la humanidad. A decir del segundo embajador de Armenia en México, Ará Aivazian, numerosos países en el mundo han reconocido el genocidio armenio y demandan de Turquía el perdón para no olvidar; sin embargo, México, el país líder en Latinoamérica, no ha reconocido el genocidio como tal. Quizá haya mucho que vencer y en esta visita destacan hechos de forma que son fondo:

Karekin II llega a un aeropuerto alterno al principal del país. En su agenda, de apenas unas horas, no está prevista entrevista alguna con autoridades federales y sólo un encuentro con el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Si bien no es Jefe de Estado y su comunidad no es numerosa, no hay un recibimiento de cortesía que podría ser un gesto de reciprocidad por la herencia de la comunidad armenia a México misma que presume de sus buenas relaciones con la Iglesia católica mexicana y la Arquidiócesis Primada de México. Su partida será igual a su llegada, discreta y sin mayor salutación.

México ha recibido, en otras ocasiones, presiones políticas de potencias al advertir los riesgos en recibir a líderes religiosos. Quizá en esta ocasión pesa que Turquía es el 47 socio comercial de México y desde el inicio de relaciones bilaterales en 1927, hay más de 51 empresas turcas que dejan inversiones en el país y ambas naciones coinciden en el G20, la OCDE y la OMC.

Quizá convenga un discreto recibimiento que recibir el rechazo de un gobierno cuyas importaciones al país son de casi $527.1 millones de dólares.

Guillermo Gazanini Espinoza/Periodista Digital

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