Opinión: La evangelización de México y sus iglesias en medio de los sismos

  • Los primeros misioneros que se dieron a la tarea de construir iglesias y colegios en la Nueva España, pronto se dieron cuenta que la región enfrentaba graves problemas de sismicidad.

 

Carlos Villa Roiz

Desde que los primeros predicadores y misioneros comenzaron a llegar a lo que hoy es México en 1523, se dieron a la tarea de construir en toda Nueva España iglesias y colegios como el de la Santa Cruz de Tlatelolco, y para ello utilizaron materiales tan simples como la piedra y la madera, la clara de huevo y la baba del nopal, es sustitución del cemento.
Correspondió a Fray Toribio Benavente, Motolinía, el mérito de construir la primera bóveda en la iglesia de San José de los Naturales, en un lugar muy cercano a lo que hoy es la iglesia de San Francisco el Grande, en la calle de Madero del Centro Histórico.
Pero pronto los religiosos se dieron cuenta que toda la región enfrentaba problemas de sismicidad, debido a que México se encuentra en lo que hoy se conoce como el “Cinturón de Fuego”, que corre por el Océano Pacífico, y que es un lugar de fricción de las placas tectónicas.
Los indígenas conocían el poder destructivo de los sismos y por ello, en el Códice Telleriano Remensis, los indios dibujaron el símbolo de los terremotos, que es una “X”, sobre varias barras horizontales que, según algunos estudiosos, pudieran representar el grado de intensidad de los movimientos telúricos.
Gracias a los códices y algunas crónicas como las de Chimalpain, y otros autores, se sabe que en México hubo sismos en 1475, 1496, 1542, 1589, 1611, 1619, 1653, 1665, 1685, 1696, 1697 y 1698. El sismo del 4 de abril de 1768 y el del 28 de marzo de 1787 tuvieron una duración de seis minutos.
La existencia de numerosos iglesias, conventos y escuelas, cuya antigüedad se remonta al siglo XVI y han llegado hasta nuestros días, son prueba clara de que aquellos misioneros también fueron iluminados arquitectos.
Con los años, ciertamente, de España llegaron personas bien entendidas en materia de arte y construcción, y así avanzó el barroco, el churrigueresco, el neoclásico y otras corrientes en la construcción de iglesias, y cada vez con más experiencia por parte de los constructores.
En los siglos XIX y XX nacieron dos importantes hombres de ciencia que crearían escalas más precisas para medir la intensidad de los sismos. Charles Francis Richter (1900-1985) interesado en medir la energía liberada y Giusseppe Mercalli (1850-1914), cuya escala se basa en los daños ocasionados.
A partir de sus estudios, se ha podido determinar con mayor precisión la magnitud de los sismos, y así se han podido medir sismos notables en México como el de 1957, que fue de 7.9, y el de septiembre de 1985, del orden de 8.1. A nivel mundial, destacan el terremoto de Sumatra del 26 de diciembre de 2004, de 9.3 grados, que dejó más de 229 mil muertos, y otro en Chile del 2010 de 8.8 grados, que dejó un saldo de 226 muertes.
Por lo general, en la construcción de las iglesias siempre se han tomado todas las precauciones para salvaguardar la seguridad de los fieles y la conservación del patrimonio cultural. Históricamente, el número de templos dañados a causa de los terremotos es bajo, aunque siempre resulta lamentable cuando alguna iglesia sufre algún daño a causa de los sismos porque en ellas también está presente la propia historia de los pueblos, su fe y su cultura.

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