Niños y jóvenes santos

Carlos Villa Roiz

A propósito del Sínodo de la Juventud que se realizará  próximamente en Roma, vale la pena echar un vistazo a algunos niños y jóvenes que tiene la Iglesia católica en calidad de beatos o santos.

Para comenzar, debemos recordar que México cuenta con cinco de ellos.

Canonizado por el Papa Francisco, José Sánchez del Río, mártir a los 14 años en la Guerra Cristera, se convirtió en el primer niño santo proclamado en el siglo XXI. Con su heroica actitud dio una auténtica cátedra de fe.

También están los Tres Niños Mártires de Tlaxcala: Cristóbal, Antonio y Juan, canonizados el año pasado por el Papa Francisco. Estos niños, que fueron educados por los primeros misioneros, se convirtieron en ejemplo de amor a la Iglesia para las generaciones futuras.

Y por supuesto, tenemos a San Felipe de Jesús, primer santo mexicano y patrono de la juventud mexicana. Fue una persona inquieta y alegre, pero capaz de dar su vida por amor a Cristo en una colina de Japón.

A nivel internacional, el más conocido es el italiano Domingo Savio (1842-1857), quien al momento de su muerte no había llegado a los 15 años de edad. San Juan Bosco, quien fuera su maestro, escribió su biografía.

Notable ejemplo de santidad es también la chilena Laura Vicuña, quien nació el 5 de abril de 1891 en la ciudad de Santiago, y murió en Junín de los Andes en 1904, antes de cumplir los 13 años. Ella ofreció su vida a Dios por la conversión de su madre.

Otros dos niños ejemplares fueron los videntes de las apariciones de la Virgen María en Fátima, en 1917. Se llamaban Jacinta y Francisco; eran hermanos y tenían 6 y 9 años, respectivamente. Ambos fueron beatificados por San Juan Pablo II en el año 2000.