Muere a los 79 años el cardenal Carlo Caffarra, incansable predicador de la familia y de la vida

Religión en Libertad 

Este miércoles 6 de septiembre ha fallecido a los 79 años uno de los pesos pesados del colegio cardenalicio, Carlo Caffarra, arzobispo emérito de Bolonia y destacado colaborador de Juan Pablo II y de Benedicto XVI en su defensa del matrimonio, la familia y la vida.

Caffarra destacó en su trayectoria por ser uno de los principales exponentes en la Iglesia en el ámbito provida y profamilia. De hecho, San Juan Pablo II le nombró  en 1981 fundador y primer presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, ahora extendido por todo el mundo y que ha formado a decenas de miles de personas.

Anteriormente había representado a la Santa Sede en 1978 en el Primer Congreso Mundial de la esterilidad humana y la procreación artificial celebrado en Venecia.

Del mismo modo, durante cinco años fue colaborador del cardenal Ratzinger, a partir de 1983, como consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Siempre alertó de las ideologías antifamilia
En 1988 fundó el Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia en Estados Unidos y posteriormente en México y España.

Ya en 1995 fue nombrado por el Papa polaco arzobispo de Ferrara hasta que en 2003 fue elegido como titular de la histórica sede de Bolonia. En 2006, Benedicto XVI le creó cardenal.

Durante los últimos años, el cardenal Caffarra destacó por su beligerancia y firmeza frente a las “ideologías antifamilia”, especialmente la ideología de género y no dudó una y otra vez en advertir que la destrucción de la familia llevará al “ocaso de la sociedad”.

Firmante de la Dubia
Además, el prelado fallecido fue uno de los cuatro cardenales firmantes de la “Dubia” junto al ya también fallecido Meisner y a Burke y Brandmuller. En su escrito pedían al Papa Francisco una aclaración sobre el capítulo VIII de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia en lo concerniente a si los divorciados vueltos a casar podían acceder a sacramentos como la Eucaristía.