Los scouts, a 32 años del terremoto del 85

  • Salvador Mendiola, líder scout que colaboró en las emergencias de 1985 y 2017, acota las diferencias de papel desempeñado por el movimiento escultista en función del cambio de época.

 

Vladimir Alcántara

Treinta y dos años después de aquel terremoto que devastó la Ciudad de México en 1985, se repitió la tragedia; la historia fue parecida en muchos aspectos, aunque no en lo relacionado con el movimiento Scout, cuyas acciones, aunque se realizaron con toda entrega, se vieron disminuidas por diversos factores, entre ellos, la gran ayuda en masa que en esta ocasión se desplegó al veloz aviso de las redes sociales. En entrevista para Desde la fe, Salvador Mendiola, Presidente de la Federación Mexicana de Escultismo A.C., hace algunas acotaciones sobre la diferencia entre aquella historia trágica y la del pasado septiembre, elogiando la actitud de miles y miles de ciudadanos que esta vez ocuparon las calles para brindar ayuda a las personas damnificadas.

Recuerda que hace treinta y dos años, el sismo ocurrió a las 7:19 a.m., y a las 8:00 a.m. él se encontraba ya, perfectamente uniformado de scout, equipado con cuerdas y equipo de supervivencia, listo para brindar ayuda. Señala que se reunió con sus guías de patrulla en el local del grupo, y de ahí se fueron a dar servicio a Xola y a Castilla; “para entonces, ya estaban cientos de scouts acordonando las zonas, creando brigadas de topos, rescatando personas, dirigiendo el tránsito en las esquinas, brindando primeros auxilios, ayudando a identificar cadáveres; otros, daban servicio en centros de acopio, preparaban comida, transportaban agua y levantaban refugios, todo con la bendición materna y la fe puesta en Dios.

Salvador Mendiola refiere que, tras los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985, en cada edificio colapsado trabajaban brigadas de más de 40 scouts, que eran los primeros en responder frente a la emergencia; se comunicaban con banderolas, clave Morse y a veces a través de radio banda civil; se les veía rapelear para bajar por los edificios y sacar a las víctimas por las ventanas; improvisaban letrinas y centros de operatividad; prácticamente participaban en todo, con una actitud de servicio inquebrantable, pese a saber que ponían en riesgo su vida; “tal como lo cita el libro No hubo dragones, que contiene vivencias reales de quienes estuvimos presentes: ‘Llegaron los scouts, y uno de ellos, al ver una rendija bajo la losa, en medio del montón de escombros, dijo: -Yo me meto. Se oía un llanto. Entró el scoutito y sacó al niño. Al salir dijo: -¡Hay otro! Se volvió a meter y se cae la losa’”.

Refiere que en esta ocasión, debido a que toda la comunidad cuenta con un tipo de tecnología que, obviamente, antes no había, muchos jóvenes se presentaron a las zonas de desastre con teléfonos celulares en la mano; albañiles e ingenieros, con materiales y maquinaria; Protección Civil, con topos y numerosos brigadistas voluntarios; la Cruz Roja, el Heroico Cuerpo de Bomberos y Cáritas Emergencias, con mayor experiencia que antes para desarrollar sus funciones. “Muchas vidas también se salvaron por la gran ayuda de las fuerzas armadas, la expedita asistencia internacional y el apoyo de empresarios altruistas mexicanos; además, una gran ayuda silenciosa, pero magistralmente organizada, fue la de las amas de casa que crearon rápidamente puestos de alimento y centros de acopio; todo esto a la velocidad de la comunicación en redes sociales, y del uso del WhatsApp, que se convirtió en una herramienta básica para la logística de rescate”.

El Presidente de la Federación Mexicana de Escultismo externó que, por desgracia, en esta ocasión le tocó ver mucho pillaje, gente sin escrúpulos, sin compasión frente al dolor ajeno, que aprovechó la ocasión para llevarse o marcar despensas para el propio beneficio; algunos que se presentaban para llevarse materiales y herramientas, y unos más que acudían a las zonas de desastre únicamente para comer gratis”.

Señaló que en la reciente emergencia, un solo scout logró rescatar a más de una docena de personas; otros realizaron su buena obra llevando víveres a zonas afectadas, y más de mil 700 realizaron labores en la Sala de Armas de la Magdalena Mixhuca; “sin embargo, si la presencia escultista en esta ocasión se vio un tanto desdibujada, fue primero porque algunas brigadas de espontáneos u oportunistas ataviados con cascos y chalecos impidieron a los scouts el acceso a las zonas de desastre; a otros scouts, quizás sus padres, por la memoria que tienen del terremoto de 1985, quisieron protegerlos, o sobreprotegerlos, actitud que ha hecho de nuestros niños personitas temerosas e inseguras; o quizás porque alguna esposa dijo a su esposo: ‘¡Quieto, superscout!, ahora eres padre de familia y te me quedas en casa”.

“Jesús dijo: ‘No hay amor más grande que dar la vida por los amigos’, pero a veces se nos olvida que el dolor y la caridad son necesarios para crecer y formar nuestro carácter; el servicio con desprendimiento auténtico de lo material, y el voluntariado honesto que no busca recompensa, son las mejores oportunidades para desarrollar el temple, la fortaleza, la generosidad y la abnegación; para aprender de nuestros propios actos heroicos a superar los retos de cada día, y para crecer espiritualmente desde nuestras heridas y sanar los temores del alma”, finalizó Salvador Mendiola.

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