Los nacimientos predican la doctrina de la Iglesia sobre la veneración de las imágenes religiosas

Gaudiumpress

El autor católico y apologeta estadounidense Dave Armstrong expresó en un artículo para el informativo National Catholic Register su complacencia por la extensión de la costumbre de exhibir nacimientos o belenes en los hogares católicos y no católicos. De manera excepcional, personas que critican la veneración de las imágenes religiosas y llegan a acusar a los católicos de idolatría comparten el significado auténtico de representar y meditar con la ayuda de las imágenes los misterios de la fe cristiana, en una actitud “difícilmente distinguible de la veneración católica”.

Si bien el artículo fue redactado en un tono de humor y cierta ironía, la realidad de la presencia de las imágenes sagradas en el tiempo de Navidad puede ser una valiosa ocasión para aclarar los malentendidos sobre la actitud de los creyentes católicos hacia las imágenes. Mientras las “líneas duras” del protestantismo criticarían la elaboración de un nacimiento y censurarían incluso la elaboración de una imagen de Jesucristo, la práctica de elaborar la escena del nacimiento en casa es una oportunidad de constatar personalmente que no existe una intención de idolatría en el hecho de expresar un respeto especial hacia las representaciones de realidades sagradas.

“Nadie puede ir por la vida completamente ‘libre de imágenes'”, afirmó Armstrong, empleando la técnica de la reducción al absurdo de las posiciones más radicales. “Si todas las imágenes fueran ‘grabadas e idólatras’, entonces no podríamos ver televisión o películas. No podríamos ir a museos y no podríamos tener fotografías de nuestros seres queridos”. Como nadie en realidad afirma una postura de esa naturaleza, el autor propone a los no creyentes “ponderar lo que un nacimiento realmente es, lo que significa y cómo esto es escasamente diferente de la veneración católica”.

La tradición católica de los nacimientos, pesebres o belenes se remonta al año 1223, cuando San Francisco de Asís quiso representar en vivo la escena del nacimiento de Cristo para motivar el culto de los fieles. El Santo había visitado Tierra Santa y pudo inspirarse directamente en los paisajes y ambientes que conoció en su viaje para trasladar su experiencia a los creyentes europeos. La propuesta tuvo gran éxito y pronto se reprodujo en los países católicos, extendiéndose paulatinamente por todo el mundo.