Lectio Divina: “Dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

Mons. Salvador Martínez

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?”. Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: “Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto”. Le presentaron un denario. Él les preguntó: “¿De quién son esta cara y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del César”. Entonces les replicó: “Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Reflexión

Después de leer por varias ocasiones el texto me interesa preguntarme ¿por qué se habla de una confabulación tan fuerte contra Jesús? (momento de silencio interior…) Caigo en la cuenta de que este pasaje forma parte del ministerio de Jesús en Jerusalén, precisamente antes de padecer y morir. A lo largo de esta parte del Evangelio hay varios pasajes donde el Señor denunciaba seriamente al pueblo y a sus autoridades sus modos de ser contrarios a la salvación que Él vino a ofrecer. En una de las parábolas que pronunció acusaba a las autoridades de ser asesinos. Entonces resulta comprensible que ellos respondieran agresivamente. También me llama la atención que se menciona, además de los fariseos, a un grupo no tan presente en los relatos del Evangelio, a los herodianos ¿Por qué se habrán juntado éstos para ponerle una trampa a Jesús? (Momento de silencio interior…) Los fariseos era un grupo normalmente muy antagónico al poder político y religioso. Se oponían tanto a los saduceos (sumos sacerdotes), como a Herodes. Sin embargo, con el fin de atrapar a Jesús sí se juntan con los partidarios de Herodes. Los romanos asentaban su poder en Palestina gracias a la familia herodiana, por tanto fueron convocados como testigos de calidad ante una posible postura de Jesús en contra del pago de impuestos al César. Pero Jesús descubrió las malas intenciones. Si la moneda que debía usarse para pagar el impuesto tenía la imagen y la inscripción del César había que devolverle lo suyo. ¿Qué tanto alcance y profundidad puede tener esta afirmación del Señor? (Momento de silencio interior…) Una posibilidad es que Jesús reconociera el derecho del soberano a reclamar impuestos. Esta soberanía, no parece ser absoluta, pues añadió: “…y denle a Dios lo que es de Dios”. Por tanto, me parece que Jesús supera el antagonismo radical que pretende negar derecho a Dios en vista del poder terrenal o viceversa. El poder de los reyes de este mundo no le quita nada a la soberanía de Dios. La respuesta de Nuestro Señor Jesucristo, ha sido utilizada mucho a lo largo de la historia como principio de superación de conflictos entre el poder terrenal y el divino, pero también puede servirnos de parapeto o excusa para declarar falsas autonomías. ¿Puede verdaderamente fundamentarse un ejercicio despótico del poder bajo el principio de que al César hay que darle lo suyo? (Momento de silencio interior…) No creo que Jesucristo nos haya querido enseñar que si al soberano le parece bien engañar, someter y llevar a su pueblo por sendas de muerte, esté al margen de la soberanía del bien, de la justicia y de la vida, más aun, de la soberanía del que es Bueno, Justo y fuente de toda Vida, es decir de Dios.

Contemplación

Propongo contemplar pausadamente, reposadamente la actitud de Jesús frente a las personas que pretendían ponerle una trampa, las cuales lo podían llevar a la cruz. Se trata de sintonizar con la fuerza interior del Señor frente a estos antagonistas y permanecer en ella (tiempo prolongado de silencio interior…) Un segundo ejercicio puede ser repetir interiormente la frase: “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (tiempo prolongado de repetición interior…)

Oración

Al meditar sobre la trampa que pretendieron ponerte, mi Señor, comprendo que hay conflictos superficiales y conflictos profundos. Los conflictos superficiales, como aquéllos que enfrentaban a los fariseos con los herodianos, pueden ser puestos de lado con la mayor facilidad si hay un motivo suficientemente fuerte para hacerlo. Los conflictos profundos, aquéllos que revelan las intenciones más profundas de nuestro obrar, no tan fácil se dejan de lado. Tus enemigos, Señor, no abandonaron su actitud violenta al haber sido vencidos en su intento. Su conflicto contigo, Señor, iba más allá de las palabras, era la confrontación del bien con el mal. El conflicto profundo de la Vida contra la muerte y el pecado. Por eso te pido Señor que haga yo caso a tu luz para poder descubrir cuándo un conflicto es superficial o profundo, y tenga la fortaleza de decidir correctamente por Ti, Señor. Amén

Líneas de acción

Antes de entrar en discusiones, no pocas veces acaloradas, en materia de fe o de temas de la relación entre el poder de este mundo y el de Dios haré una autocrítica sobre la profundidad del conflicto que estoy afrontando.

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