Lectio Divina: Tarde y temprano

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles. Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios. (Marcos: 1, 29-30).


P. Julián López Amozurrutia

Lectura

Los horizontes de Jesús son amplios. Su acción, intensa. Igual lo encontramos en la sinagoga, en la casa de Simón Pedro, en un lugar solitario. Consagrado a la predicación, a la curación, a la oración. Tarde y temprano, el suyo es un dinamismo intensamente humano y fecundamente humanizante. En la sinagoga, su palabra revela la eficacia del Reino de Dios. En la casa, levanta a la mujer postrada y le concede retornar a su generoso servicio. En el lugar solitario, se recoge en la intimidad divina. Admirados, son muchos los que ahora quieren tenerlo cerca, para recibir la fuerza benéfica de su presencia. En él mismo, se dilata la mirada de los pueblos para anunciarles el Evangelio. Para eso ha venido. Los ritmos del tiempo marcan una actividad múltiple y extensa, a la que se entrega con generosidad y sin reservas.

Meditación

Tarde. Cuando el sol se pone. Temprano. Cuando aún la oscuridad domina. En las horas más dispares, y tal vez también las más difíciles de gobernar, Jesús aparece volcado sobre los hombres y sobre Dios. El misterio del Reino se está ejecutando en su propia persona. No sabemos cómo, pero la semilla de la salvación está realizando su despliegue en el mundo, escondida en una sinagoga, una casa y un lugar solitario. Los rincones del mundo se empapan de Dios. Un sólo día en la vida de Jesús es suficiente para mostrarnos cuán rica es la existencia humana. Si él quiso hacer suyos nuestras coordenadas fue para hacernos ver también lo abundantes que pueden ser nuestros tiempos y nuestros espacios si los consagramos a lo que nos hace personas, al servicio y al amor, de Dios y de los hermanos. Ello no depende de lo que los seres humanos hemos determinado como importante, según criterios generalizados pero equivocados. El plan divino se ejecuta donde menos se imagina. También sucede así hoy en día, entre nosotros.

Oración

¡Señor Jesús! Marca tú nuestros ritmos, con tu presencia discreta y eficaz. Irradia tu sentido en nuestros días, para que estén iluminados de tu sabia enseñanza, de tu presencia sanadora, de tu fascinante compañía. En las horas difíciles, abre nuestros ojos a la necesidad del hermano más cercano y a la adorable intimidad divina, que no dejas de ofrecernos. Que no haya espacios muertos en nuestras horas, para que ni en el descanso estés ausente, ni en la más demandante actividad nos distraigamos de tu cariño. Tu Espíritu permea todo. Lo invocamos de ti, para que nos sane y nos oriente, colme nuestras acciones y haga adorador de tu Padre nuestro sueño. En la primera hora y en la última, no nos dejes solos.

Contemplación

Veo la sinagoga, la casa y el lugar solitario, y percibo a Jesús en distintas actividades. Descubro cómo en todas ellas su corazón se inflama simultáneamente de amor a su Padre y a sus hermanos.

Acción

Vigilaré mi proceder, procurando darme cuenta de que las más diversas circunstancias son oportunidades para estar presentes al Reino.