Lectio divina: Purificar la asamblea de oración

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm, y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!”. El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea. (Mc: 1,21-28)


Mons. Salvador Martínez

Reflexión

Al considerar el texto que leemos hoy surge como primer interrogante: ¿cómo es posible que en un lugar destinado a la oración se encuentre un endemoniado? (momento de silencio interior…) Recuerdo que el lugar sagrado por excelencia para los hebreos era el Templo de Jerusalén, y las sinagogas eran los lugares de reunión para la oración comunitaria, y estos podían encontrarse en cualquier parte donde hubiera comunidades judías, cerca o lejos de Jerusalén. Como lugar donde se ofrecía el sacrificio de alabanza, podemos pensar que ciertamente gozaba de cierto sentido sacro y llama la atención que precisamente allí se encontrara un hombre sometido al poder del demonio. Entonces, ¿cuál podrá ser el sentido más amplio que nos puede mostrar este texto? (momento de silencio interior…) No me parece una casualidad que sea el primer relato particular de la actividad de Jesús; ya el evangelista, unos versículos antes, nos dijo que Jesús iba por diversos poblados anunciando el Evangelio de Dios. Entonces, al expulsar un demonio de la sinagoga me lleva a pensar que lo primero que hace Jesús es purificar la asamblea de oración de su pueblo. Puede llegar a suceder que toda comunidad se acostumbre a la impureza, a la incongruencia, de alguna manera acepte que en sí misma cohabite el maligno. Jesús no expulsó al endemoniado, sino al demonio. Entonces entiendo que la asamblea, no como algo genérico sino en cada uno de sus miembros, quedó libre y pura para ofrecer auténticos sacrificios de alabanza al Señor.

Como segundo momento de reflexión me pregunto: ¿por qué la gente no parece haber escuchado lo que dialogaron Jesús y el espíritu maligno, pues éste le había dicho a Jesús que es el Santo de Dios? Las personas, en efecto, cuando quedó el hombre libre se preguntaban quién sería este hombre y esta doctrina. (Momento de silencio interior…) San Marcos nos concede el privilegio de conocer este diálogo porque nosotros ya sabemos que Jesucristo es el Hijo de Dios. Pero también nos ayuda a comprender que no fueron los demonios los encargados de divulgar la más profunda identidad del Nazareno. Por tanto puedo pensar que se trató de una confrontación no verbal, sino meramente espiritual. Si Jesús ya había estado anunciando que el Reino de Dios está cerca, entonces la presencia del Señor del Universo sobrepasa a todos sus adversarios. Para concluir, me pregunto: Señor, ¿qué puedo sacar de esta reflexión para mi experiencia actual? (momento de silencio interior…) Esta reflexión me lleva a comprender que muchas veces puedo encontrarme en oración, o en una Iglesia y no percibir que efectivamente Tú estás presente con todo tu poder y así habituarme a una religiosidad insulsa, carente de fuerza y poder. No es que yo sea el poderoso, más bien, mi forma de aproximarme al espacio interior y exterior de contacto contigo es mediocre y tibio.

Contemplación

Propongo que nos introduzcamos con la ayuda de nuestra imaginación en la experiencia del que estaba oprimido por el demonio y quedó libre. Repasemos una y otra vez la escena, sin preguntar ni afirmar, simplemente sintonizando con el hombre aquel (momento prolongado de silencio interior…).

Oración

Señor Jesús, al considerar el Evangelio de hoy me pongo a pensar que tanto a nivel personal como comunitario se puede estar agobiado por el maligno. Aquellos que asistían a la sinagoga de Cafarnaum, tal vez ya se habían acostumbrado a aquel hombre raro. Incluso él mismo, tal vez, ya se había hecho a la idea de que era normal su situación. Pero llegaste Tú, y todo cambió. La comunidad hasta entonces impura quedó purificada, el hombre hasta entonces sometido al maligno quedó libre. Así, mi Señor, te pido que me liberes de toda atadura o sumisión a la cual ya me he habituado y me concedas la libertad que trae el Reino de Dios. Amén.

Líneas de Acción

Si en algún momento he llegado a pensar que un pecado recurrente es imposible que lo supere, me propongo, con la ayuda del Señor, a seguir batallando para quedar plenamente libre para que el poder de Dios sea más evidente en mi propia vida.

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