Card. Rivera: “Lección conmovedora, ver a tantos jóvenes ayudando”

  • Durante la Misa por las víctimas del terremoto del 19 de septiembre, el Arzobispo de México pidió a la Guadalupana para que su Hijo Jesucristo nos alcance el amor misericordioso de Dios.

El Arzobispo de México, Card. Norberto Rivera Carrera, presidió este domingo 24 de septiembre una Misa en la Basílica de Guadalupe, en la que pidió al Señor por las casi 300 víctimas del terremoto que el pasado 19 del mes sacudió los estados de Morelos, Tlaxcala, Puebla, Guerrero, Oaxaca, Estado de México y la capital de la República; y elevó una plegaria a la Morenita del Tepeyac por nuestro país, que hoy se encuentra triste y atemorizado, pero unido en el amor y afirmado en la fe.

En esta Celebración Eucarística -concelebrada por el Nuncio Apostólico Mons. Franco Coppola, el Rector de la Basílica, Mons. Enrique Glennie y el Cabildo de Guadalupe-, el Card. Rivera Carrera dijo que la justicia social es la base de un cristianismo mejor; sin embargo, debemos descubrir, sobre la justicia, un plano superior: el amor misericordioso. “Pobres de nosotros, si Dios nos tratara en términos de estricta justicia! ¡Felices de nosotros, porque Dios nos trata en términos de amor misericordioso!. En estas circunstancias imploremos a Nuestra Querida Madre Santa María de Guadalupe para que su amado Hijo Jesucristo Señor Nuestro nos alcance el amor misericordioso de nuestro Padre Celestial”.

Durante la homilía, el Arzobispo de México se volvió hacia la Guadalupana para agradecerle su presencia en nuestro pueblo, especialmente en momentos de dolor como el de ahora. “Nuestra mirada se dirige a ti, Morenita del Tepeyac, que en esta hora de desgracia nos vuelves a decir misericordiosa: ‘Nada turbe tu corazón, ¿qué no estoy yo aquí que soy tu madre?, ¿qué por ventura no estás en mi regazo?’ Y como niños asustados, corremos a tus brazos, nos acogemos bajo tu amparo, Santa Madre De Dios, pidiendo que nos libres de todos los peligros, ¡Oh, Virgen gloriosa y bendita!”

Dijo que duele en el alma a México las vidas que cobró el reciente sismo, las familias desgarradas por el dolor, los niños inocentes que han muerto bajo los escombros, y el llanto de sus padres que no pueden entender la tragedia.

Pero, “al verte, Madre, volvemos a creer, al mirarnos tú, Señora, recuperamos la esperanza; al saberte nuestra Madre, descubrimos que todos los que sufren son nuestros hermanos, y por eso, este pueblo noble se ha volcado en cientos de miles a las calles a socorrer a sus hermanos, y la sangre nos dice que esto es lo que significa ser mexicanos, un pueblo que sabe dar y sabe darse, un pueblo que siendo pobre tiene una riqueza inmensa: su corazón repleto de amor y solidaridad. ¡Qué lección tan conmovedora ha sido ver a tantos jóvenes, días y noches, ayudando a los afectados, repartiendo víveres, removiendo escombros, recorriendo ansiosos las calles buscando a quien ayudar… sólo por tener la alegría de ver a alguien que vuelve a nacer de entre los escombros, y por eso entonan esa canción que nos identifica: ‘Canta y no llores, porque, cantando se alegran los corazones’”.

Dijo que hoy México tiene para la Virgen rosas rojas sacadas de entre los escombros, que son la vida de sus hijos que han muerto. “Tómalas en tus benditas manos, abrázalas en tu corazón, y deposítalas en el seno De Dios. Te traemos lágrimas y fatigas, pero también te traemos rosas blancas, es el amor, la generosidad, la bondad de tus hijos que se ha volcado en los que sufren y lloran, tómalas Señora, y compénsanos con tu intercesión, tu ternura y tu amparo”.

Al término de la Celebración Eucarística, el Arzobispo de México envió su saludo y agradecimiento a todas las personas que desde otros países han venido a ayudar en las tareas de rescate. “Bendecimos a todas esas personas que con su cariño, con su saludo y con su ayuda están presentes entre nosotros”.