Las tres consagraciones de México a Cristo Rey

  • La dedicación original fue hecha en 1914 por Mons. José María Mora del Río; la segunda fue realizada en 1924 durante el Congreso Eucarístico, y la tercera en 2013, por el Card. Norberto Rivera.

DLF Redacción

Este domingo 26 de noviembre la Iglesia Católica celebrará una vez más la Solemnidad de Cristo Rey, habiéndose cumplido cuatro años de que el Arzobispo Primado de México, Card. Norberto Rivera Carrera, presidiera la coronación de un monumento dedicado a Cristo Rey en la Basílica de Guadalupe, como un legado de paz, amor y esperanza para el pueblo de México y sus futuras generaciones. Aquel acontecimiento, que tuvo la finalidad de renovar la consagración del país a Cristo Rey, fue llevado a cabo el 23 de noviembre de 2013, justo un día antes de la conclusión del Año de la Fe, proclamado por el Papa Benedicto XVI y clausurado por el Papa Francisco.

Sobre la importancia que para los mexicanos tiene la imagen de Cristo Rey en la configuración de nuestra identidad como pueblo de fe, el P. Luis Alfonso Orozco, historiador y profundo conocedor de pueblo de México, en entrevista para Aleteia, ha señalado que tanto la devoción a Cristo Rey como a Santa María de Guadalupe han sido determinantes en el establecimiento de la identidad cultural católica de nuestra nación, desde sus orígenes; es decir, desde el año 1521, con la conquista de nuestro territorio por parte de España. “El Acontecimiento Guadalupano, ocurrido diez años más tarde, en 1531, vino a ser como el Bautismo de la joven nación”.

Señaló que México, evangelizado por los misioneros españoles, quedó rápidamente bajo la protección de la Reina del Cielo; y gracias a esto, la población indígena pudo salir poco a poco del abismo de la ignorancia religiosa y de la oscuridad en que se vivía antes de la llegada del Evangelio. “Como es sabido, algunas manifestaciones de crueldad tuvieron su causa principal en la ignorancia y rudeza religiosa de los indios, cuya expresión más trágica fueron los atroces sacrificios humanos de los pueblos vencidos, practicados principalmente por los aztecas, pero también por los mayas.

El también filósofo por la Pontificia Universidad Gregoriana explicó que en el siglo XVI, durante la época de La Colonia, la identidad cristiana de la nación quedó bien forjada; es decir, que la Nueva España, unida a la vieja España peninsular, quedaron unidas y adquirieron un vínculo aún más estrecho y persistente: el de la misma fe en Cristo Rey.

En lo que respecta a la consagración de México a Cristo Rey en el año 1914, el sacerdote explica que ésta fue posible básicamente por dos factores: por un lado, la aclamación popular de una nación forjada en torno a la fe católica y el amor a Jesucristo, de un pueblo constituido entonces por un 98 por ciento de católicos, cuyos obispos y sacerdotes estaban preocupados por la paz y el progreso en México. “Como fieles creyentes, pidieron a Dios el don de la paz para la patria, y la encomiendan a Cristo, Rey de la Paz, en el comienzo de un siglo que resultó trágico para México y para el mundo. El otro factor fue la circunstancia política: el país estaba en plena guerra de Revolución.”

Explicó que en ese entonces (previo a la llamada Guerra Cristera) todavía había una “isla” de libertad para organizar este tipo de actos llamados “piadosos”, un espacio temporal de libertad religiosa del cual gozaba el país, y en el que el Arzobispo de México, Mons. José María Mora del Río, pudo depositar a los pies de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, el 11 de enero de 1914, una ofrenda para pedir la paz en México, mientras muchos de los presentes aclamaban: “¡Viva Cristo Rey!”. “Una paz que era especialmente necesaria, pues la nación entera estaba entrando en el turbulento torbellino de lo que fue la Revolución Mexicana, que, con sus cientos de miles de muertos y desplazados, principalmente hacia Estados Unidos, supuso una destrucción y un retraso socio-cultural severo para la nación entera”.

El P. Luis Alfonso Orozco explica que la historia oficial ha pretendido hacer pasar la Revolución Mexicana como un acontecimiento plagado de “héroes” forjadores de la patria, un suceso determinante para el México moderno, cuando la realidad es que la revuelta causó enormes destrozos y retrasos culturales y sociales desde 1914… “Diez años después, México renovó su consagración durante el Congreso Eucarístico de 1924, con una fórmula especial. En el corazón del México católico estaba firmemente arraigada la fe en Cristo, en sus manifestaciones como la devoción al Sagrado Corazón y a Cristo Rey”.

Así, nueve décadas después de esta segunda dedicación, fue cuando en la Basílica de Guadalupe, el Card. Norberto Rivera renovó la consagración de la patria a Cristo Rey –en el aniversario cien de la dedicación original– mediante una ceremonia solemne, en la que la que fue coronada la estatua de bronce colocada en este importante recinto mariano. Durante el discurso que pronunció en aquel entonces, el Arzobispo de México dijo que el reino de Dios está en medio de nosotros, haciéndosenos presente como un reino de justicia, de amor y de paz; una paz que sólo es obra de la justicia, por lo que sin justicia es imposible alcanzar la paz. “En esta noche nos consagramos a Cristo Rey, nos consagramos a Aquél que es el centro de nuestra vida”, dijo, previo a ascender por el Cerro del Tepeyac para ponerse a orar a los pies de la estatua de Cristo Rey.

Antes del acto de consagración, se llevó a cabo un magno evento en el Atrio de las Américas de la Basílica de Guadalupe, en el que participaron importantes artistas y personalidades del mundo católico, como el reconocido grupo musical Prey, que encendió la jornada con sus alegres cantos a Jesús y a la Guadalupana; el expositor colombiano Marino Restrepo, quien se convirtió al catolicismo por una extraordinaria experiencia espiritual durante un secuestro que sufrió por parte de las FARC; el científico boliviano Ricardo Castañón, ex ateo convencido, quien se hizo católico en virtud de algunos milagros que constató al analizar unas hostias sangrantes por petición del Papa Francisco, cuando éste era Arzobispo de Buenos Aires, y otras personalidades. Además, el Papa Francisco envió un afectuoso saludo a todos los organizadores y participantes del evento.