La mejor Navidad de tu vida

Tere García Ruiz

Así, en medio de circunstancias diversas, con penas en el alma, pérdidas atroces, conflictos inefables, vergüenza, miedo, incertidumbre y soledad… ¿Cómo? ¿Con qué ánimo? ¿De qué manera? ¿Con quién o con quiénes celebrar Navidad? Pero que no sea como otras tantas, cuando el despiste nos hizo perder horas en los almacenes o estuvimos sumidos en nuestras tristezas. Nunca más, de prisa, al menos hoy no; no más aflicción por la imagen, la cena y los regalos, y sí una gran audacia para sentir el Poder de Dios interminable.

Esta noche piensa en quien escribe, en quien reza, en quien mendiga, en quien cierra la puerta y las ventanas, en quien duerme en una cueva, en quien se queda en la esquina del templo porque no se atreve a entrar, en quien trabaja toda la noche, en los reporteros de guerra, enfermos en hospitales, familias en funerarias, niños y ancianos en albergues… Piensa en ellos, y siéntete uno de ellos. No es para sufrir, sino para celebrar, porque Jesús decidió vivir en ellos y en ti, en lo más íntimo de tu ser, y su caricia es lo que te hace vivir, esperar y desear Amor.

Esta noche, para que sea la mejor Navidad hay que sentir con Jesús lo que con el Padre y el Espíritu Santo, le inspiró a nacer entre gente sencilla que, en lugar de ofrecerle seguridad, compartió con él su pobreza, su hambre y su frío. Si aceptas, sintamos juntos por qué en la historia de Jesús todo fue así, tan diferente a lo que se esperaba. Y porqué hoy sigue siendo distinto a lo que hubiésemos querido que fuera nuestra vida. Sólo con esta contemplación divina y una profunda conexión emocional con Jesús –que se aferra a vivir con nosotros, que insiste en liberarnos y hacernos felices– lograremos un chispazo de libertad en el interior. Y conste que todo afuera puede ser igual o peor… ¿pobres, feos y maltrechos según las expectativas del mundo? Y, en cambio, qué grande es Dios. Jesús nos quiere. Su mirada es la única verdadera. No hay marcha atrás. Al mirar cómo Él nos ve, somos felices.

Entonces, entendemos por qué su mirada es tan evidente en los más débiles y en los más pobres, cómo hacen los sencillos para amar como Él ama y hablar de cosas lindas desde el fondo del alma, qué hace Jesús en esta tierra llena de sinsabores;  por qué le gustan los ambientes de cinco, seis y siete de calificación con respecto a los dieces de gente “exitosa”, “afamada” e “impecable”; por qué su cuna fue un pesebre y no de oro; qué siente Dios al hacerse humano; por qué no se quedó allá creando y al margen de nuestra pobre vida; por qué insiste en amarnos si nos negamos a creer en Él y muy pocas veces miramos las bellezas de su creación diaria.

Pues sí, contra toda lógica humana, Dios no se conforma con estallar de Amor para dar vida a cada ser humano: viene, se queda, insiste y nos salva. Vive oculto en el secreto de nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, preguntas e inquietudes. Nos deja ser en la historia, y nos bendice. Pone su huella evidente en cada luz y en cada sombra. Nos ama, nos quiere, nos desea y nos añora. Por eso insiste en renovar todos los días la tierra y trabaja en nuestros sueños para limpiar nuestros corazones.

Esta noche lo vemos como un bebé, pero desde siempre ya existía. Jesús grita con todas sus letras que su madre y sus hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Él mismo es la Palabra que nos pide que escuchemos. Y dice que su mandamiento es que nos amemos unos a otros como Él nos ama. Por eso, nunca supimos que José o María hubiesen negado su Amor a los amigos de Jesús; y conste que entre ellos había prostitutas, samaritanos, cobradores de impuestos  y publicanos. Todos ellos fueron liberados, cuando al fin captaron el mensaje: humildad para ver, y vivir, conforme a la Verdad… Para vivir en Libertad.

¿Queremos ser libres? Esto es ser sencillamente humanos: frágiles, ansiosos, inquietos, cambiantes, pero necesitados de Vida para vivir, necesitados de Amor para amar, necesitados del Creador para crear, y no destruirnos jamás, ni a nosotros, ni a los demás.

¿Lo sientes? Entonces, ahora sí, anda y ve, regala lo que quieras, abriga a quien tiene frío, abraza y consuela a quien tiene miedo, acompaña a quien está solo, da tu amor en lo que das. Es Dios contigo a quien tú das. Eres tú mismo el que se regocija en amar a Dios en ti y en quien abrazas. Y eso es celebrar la mejor fiesta de esta noche. Después, así será todos los días de tu vida, porque siempre hay oportunidad para amar. ¡Feliz Navidad!

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