La Iglesia mexicana plantea los desafíos para el 2018

  • El proceso electoral del 1 de julio ocupó un espacio en los mensajes de Año Nuevo de diferentes arquidiócesis y diócesis del país; otros temas fueron migrantes, violencia y corrupción

 

Vida Nueva Digital

En su tradicional mensaje de Año Nuevo, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), llamó a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a mirar el futuro con esperanza, pero sin dejar de atender los grandes retos, entre los que también destacan,  la violencia y la inseguridad, los enfrentamientos entre grupos y pueblos en diferentes lugares de la nación, y por supuesto, la reconstrucción de casas, edificios y templos, tras los terremotos de septiembre del 2017, pero sobre todo del tejido social.

Encabezados por el cardenal José Francisco Robles Ortega, presidente de la CEM, los obispos del país agradecieron a Dios “por este año que termina, por todos los hermosos dones recibidos y por el servicio que nos permitió ofrecer”, pero también pidieron perdón por sus errores y omisiones. “Al mismo tiempo nos encomendamos a Él en este año que comienza, para que nos sostenga con su gracia y su bondad”.

La CEM llamó a no perder el optimismo ni la confianza en Dios para construir un México mejor, fraterno, solidario y en paz. “Empecemos este año 2018 con vigor y entusiasmo, con el rostro y el corazón alzados, vayamos para adelante llenos de luz y alegría, siempre con la seguridad que vamos acompañados de Nuestro Señor Jesucristo”.

Tiempo de reflexión
Por su parte, la Arquidiócesis de Morelia, que encabeza monseñor Carlos Garfias Merlos, pidió atender en la diócesis de manera especial las cuatro acciones que propone el Papa para lograr la paz que buscan los migrantes y refugiados: acoger, proteger, promover e integrar.

También se refirió a la jornada electoral del 1 de julio próximo. En este sentido, el arzobispo exhortó reflexionar y tomar conciencia de la responsabilidad cristiana para elegir y hacer un discernimiento en la participación activa en la política.

Garfias Merlos recordó además que en México se vive el Año de la Juventud, como un tiempo propicio para que los jóvenes se preparen y caminen hacia el Sínodo de los Obispos convocado por el papa Francisco para octubre próximo, el cual estará dedicado al tema: “Los Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Al respecto, llamó a no permanecer ajenos ante las luces y sombras que se viven en el mundo juvenil: “En este año descubramos las cualidades y talentos de las nuevas generaciones: su riqueza, su esperanza, su dignidad. Que el Sínodo de los obispos nos permita aportar en este momento particular de la historia para encontrar los mejores métodos para anunciar a los jóvenes la alegría del Evangelio, que nos alcanza vida en plenitud.

Tiempo de esperanza
La Arquidiócesis de Acapulco, a cargo de monseñor Leopoldo González,también celebró la llegada de un nuevo año, y reconoció que si bien hoy en día es difícil sentir esperanza, pues hay situaciones graves que siembran tristeza, temor y desconfianza, como la violencia, el crimen organizado y la delincuencia; la corrupción e impunidad; la injusta distribución de bienes y el deterioro progresivo del medio ambiente, entre otros, llamó a no perderla, pues “el Señor nos ha hecho portadores de buenas nuevas”.

Por ello, alentó a todas las personas de buena voluntad a pedir a Dios el don de la paz. “La paz supone ausencia de guerra, de violencia, de agresión, pero es mucho más que eso: es el conjunto de todo aquello que hace posible una vida sana, armónica, todo lo que ayuda al pleno desarrollo de la persona. Este es el bien común que constituye el objetivo de toda institución pública”.

De igual manera se refirió al próximo proceso electoral, por lo que invitó a los ciudadanos a discernir cuál de las opciones puede generar un poco más de bien:“Sólo puede darse esa unidad si todos: partidos, candidatos, militantes y ciudadanos buscamos de verdad el bien común. Entonces se podrán presentar las diferentes opciones y no mirar a quienes opinan diferente como enemigos a quienes eliminar, sino como ciudadanos que, al igual que nosotros, desde su punto de vista buscan lo mismo que nosotros hemos de buscar: el bien común de nuestra Patria”.

Tiempo de abrir los brazos
La Arquidiócesis de Monterrey, en tanto, puso mayor énfasis en la atención a los migrantes: “por nuestra historia, señaló en su mensaje monseñor Rogelio Cabrera López, Monterrey ha tenido siempre una vocación de ciudad de puertas abiertas; muchas familias, tal vez la mayoría, nacieron de papás y mamás originarios de otro estado del país, y luego llegaron aquí buscando lo mismo que las hermanas y hermanos migrantes de nuestro tiempo: un hogar y un empleo”.

En ese sentido, recordó que el papa Francisco se ha referido a los migrantes como hombres y mujeres que buscan la paz, lo cual contrasta con alguna idea que hemos escuchado en los últimos años que confunde al migrante con el delincuente. “Sólo una mirada contemplativa y una escucha afectiva pueden reconocer en las personas que lo arriesgan todo, incluso su dignidad y su vida, por encontrar un oasis de paz en medio de desiertos de violencia, personas con un corazón recio, valiente y trabajador.

Dijo que la Arquidiócesis de Monterrey está llamada a dar un paso como civilización: “fiel a su vocación de sociedad de puertas abiertas, mantener el orden de justicia propicio para sus ciudadanos, de manera que, trabajando todos por el bien común, construyamos una sociedad de paz,  con la gracia del Espíritu Santo. Todos estamos llamados a colaborar en esta construcción: sociedad, gobernanza y religiones”.

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