El Rosario, un rezo que dirigimos a la Virgen, y que ella entrega a Jesús: Mons. Armando Colín

  • Durante la Clausura del Año Jubilar en la Parroquia de Nuestra Señora de Fatima, el Obispo Auxiliar de la I Vicaría, dijo que los acontecimientos trágicos de nuestro país, nos deben guiar a la reflexión.

 

Claudia Sáyago

El Excmo. Señor Obispo Armando Colín, Vicario Episcopal de la I Vicaría, presidió el pasado 13 de octubre la Celebración Eucarística en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la Colonia Pro Hogar, con la que clausuró el Año Jubilar en esta comunidad, por el Centenario de las apariciones de la Virgen.

Esta Celebración se dio, además, en el marco de la Fiesta Patronal de esta parroquia que festeja a la Virgen de Fátima en la fecha de su sexta y última aparición.

Para iniciar, Monseñor Armando Colín invitó a los feligreses a escuchar el mensaje que el Papa Francisco dio a los peregrinos que se encontraban en el Santuario de la Virgen de Fátima en Portugal, con motivo de la Clausura del Jubileo por los 100 años de estas apariciones marianas.

En su homilía, el Señor Obispo hizo hincapié en la invitación del Santo Padre a rezar el Rosario, a no tener miedo y a no separarnos de la Virgen María, pues ella nos guía hacia Jesucristo y presenta ante Él nuestras necesidades.

Recordó los últimos acontecimientos que hemos vivido en nuestro país a causa los terremotos y explicó cómo esta experiencia dolorosa puede ser una llamada de a la reflexión para “reconstruir nuestra vida, nuestra familia y nuestra espiritualidad. Una forma de hacerlo es escuchar la voz del Señor, lo que nos dice a través de su Palabra para, de esa manera, caminar juntos hacia el cielo”.

Además ha pedido a las comunidades parroquiales que ha visitado en estos días, llevar consuelo y ayuda a los que han quedado desprotegidos a causa de estos desastres naturales.

“Todo ello nos lleva a meditar en lo que Dios nos quiere decir con estos acontecimientos. Tal vez ya nos sentíamos autosuficientes y soberbios en retar a la naturaleza y en muchos otros ambientes como el social, el moral, el político. Un mundo que caminaba entre las tinieblas hacia la oscuridad. Que esta experiencia nos haga pensar que tenemos que ser hermanos y vivir en comunión, que tenemos que ayudarnos unos a otros y no excluir ni señalar a nadie, que las familias deben estar más unidas, que los esposos deben amarse más y manifestarse su amor, que los padres hacia los hijos sean más comprensivos y que los hijos sean más obedientes con sus padres”.

“Estamos recordando las apariciones de nuestra Madre María en Fátima y en su última aparición lo hizo ante más de 70 mil personas. Una de las tareas que nos encomendó la Virgen fue nuestro arrepentimiento y luego nuestra conversión a las cosas de Dios, que se vaya dando siempre de manera gradual, profundizando cada día en las cosas que agradan a Dios”.

Señaló que otra de las encomiendas que nos dejó la Virgen fue el rezo del Santo Rosario, “una oración cristocéntrica que nosotros dirigimos a la Virgen, pero que Ella entrega a Jesús.

También recordó que estamos llamados a hacer penitencia, “privarnos de algunas cosas que nos gusten u ofrecer algún sufrimiento por la conversión del mundo”.

Al final de la Misa, felicitó a la comunidad por este Año Jubilar y por el empeño que pusieron para recibir alegremente a los peregrinos que se acercaron a esta parroquia. También entregó a Monseñor Pedro Agustín Rivera Díaz, Párroco de este templo, su nombramiento por dos años más al frente de este lugar.

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