CINE: El niño y la bestia

“La palabra fuerza tiene muchos significados, debes encontrar el tuyo”.

 

Antonio Rodríguez

Un niño en andrajos camina por las aglomeradas calles japonesas. Entre el ruido de automóviles y el andar de la muchedumbre, su desesperación se acrecienta. Ha escapado de su casa, su madre murió y su padre está desaparecido. Al sentarse en el piso, con los brazos reposados sobre sus rodillas y la cara hundida en ellos, le resulta casi imposible evitar el llanto, cuando de pronto un par de sujetos encapuchados se le acercan; el más grande de ellos le pregunta con voz fuerte si está solo. El niño, bastante arisco, le grita para que se aleje –no se deja intimidar–; entonces el sujeto con la capucha toma el rostro del niño y lo mira directo a los ojos. Este enorme sujeto no es un humano, es una bestia.

Kumatetsu es el nombre del animal, quien parece un híbrido entre un oso y un lobo, con fuertes garras y lleno de pelo por todo el cuerpo. Invita al niño para que lo siga; pero éste se ha quedado impávido ante lo que ha visto, y no responde a la invitación. Una vez que los dos encapuchados se han ido, el pequeño los sigue hasta un estrecho callejón que funciona como una puerta hacia un mundo alterno, uno donde sólo habitan animales.

El chico, cuyo nombre es Ren, después de varios altercados decide aceptar ser el nuevo discípulo de Kumatetsu, quien por obligación necesita un aprendiz para poder ganar su lugar como Lord. La relación entre el niño y la bestia no es sencilla, la similitud de caracteres hace que en todo momento choquen y se griten; la forma de enseñar de uno es incompatible con la forma de aprender del otro. Sin embargo, al paso del tiempo la compenetración llegará a ser como la de un padre con su hijo.

Una mezcla de comicidad, artes marciales, filosofía y relaciones paternales es lo que es El niño y la bestia, filme japonés de 2015, del director Mamoru Hosoda. La cinta tiende a tocar temas muy variados que, aunque pareciese que desperdigan la historia por todos lados, al final se logra una unidad muy interesante. El propio director acepta que son muchos los temas que toca su filme, y a esto añade que aparecen muchos elementos en la película. “Sin embargo –señala–, el mensaje que quería transmitir es muy sencillo. Normalmente pensamos que solamente son los hijos los que crecen, pero también los padres pueden crecer criando a sus hijos; ese es el mensaje que quería transmitir. Es un mensaje muy sencillo, pero necesitaba muchos elementos”.

Y es en ese “sencillo mensaje” donde se encuentra la espina dorsal de la película: el aprendizaje constante; la madurez, que nunca llega a alcanzarse completamente; la manera en que el esfuerzo permanente lleva a más y mayores retos; la capacidad y obligación de entrenar cuerpo y mente, de aceptar con valor los desafíos que se presentan. Como dijeran por ahí: nueva realidad es igual a nueva oportunidad, nueva oportunidad es igual a nuevo aprendizaje.