El divorcio en la familia

Mary Carmen Cepeda

En la actualidad, el número de divorcios ha aumentado considerablemente.

Esto se debe a una ruptura en los lazos afectivos que existen en un Matrimonio, es cuando ya no existe un acuerdo mutuo entre los esposos de seguir viviendo juntos, de seguir compartiendo y construyendo un proyecto de vida. La decisión de divorciarse puede surgir por parte de uno de los esposos o por parte de los dos.

Las causas del divorcio son muy variables. Algunas de ellas son las siguientes:

  • Violencia intrafamiliar: Es muy importante saber reconocer cualquier tipo de violencia y tener el valor de salir de ella, ya que la integridad física, moral y psicológica de todos los miembros de la familia se puede ver afectada.
  •  Alcoholismo.
  •  Problemas en la comunicación: Cuando no existe una buena comunicación, pueden surgir muchos otros problemas que hacen todo más grave. Si no comunicamos lo que sentimos y lo que pensamos, todo eso se acumula en el interior y se crean distancias y remordimientos.
  •  Rutina: Muchos matrimonios llegan a confundir el amor con el enamoramiento. A veces cuando la vida diaria se vuelve monótona y rutinaria, se piensa y se cree que ya no se ama a la otra persona.

El amor es una decisión a pesar de las circunstancias (siempre y cuando no vayan en contra de la integridad del ser humano), de donarte y buscar el bien de la otra persona. Esta decisión de amar implica un compromiso fuerte y duradero con la otra persona y con el Matrimonio.

  • Situaciones difíciles en el Matrimonio o en la vida. Las consecuencias dentro de la familia pueden llegar a ser complejas y profundas, especialmente en los hijos. Muchas veces los papás obtienen los beneficios o libertades que están buscando, pero al mismo tiempo los hijos se sienten confundidos, molestos, tristes… no saben qué sentir, qué pensar o qué hacer.

Todos los hijos reaccionan diferente ante la separación de sus padres, esto depende de la edad, la personalidad, las circunstancias de cada uno de ellos.

Los más pequeños pueden llorar mucho, tener miedo o estar irritables. Probablemente regresen conductas que ya había dejado, como hablar como chiquito u orinarse en la ropa o en la cama. También puede llegar a tener pesadillas.

Muchos de ellos se sienten abandonados, perdidos y muy tristes; les cuesta mucho tomar la decisión de estar solo con alguno de sus padres. También es muy frecuente que se sientan culpables por lo sucedido, sienten que porque ellos desobedecieron, o porque no se portaron bien, sus papás se pelearon y se separaron. Por lo que ellos buscan la manera de arreglar las cosas, se convierten en niños rebeldes o en niños obedientes… quizá haciendo esto su familia regrese a ser lo que era antes.

Otras señales que pueden presentar los niños son problemas de sueño; problemas de alimentación y/o problemas en el colegio, les cuesta mucho trabajo poner atención en clase, entender el contenido de las clases, concentrarse para hacer las tareas, participar e integrarse en las actividades, entre otras cosas, que los llevan a bajar su rendimiento escolar.

Si el divorcio es necesario y ya no hay vuelta atrás, es recomendable que los papás busquen los medios necesarios para que los hijos sufran lo menos posible las consecuencias.

El Papa Francisco, en la Audiencia General del 20 de mayo de 2015 menciona: “es difícil para los padres educar a sus hijos, a quienes ven sólo por la noche, cuando vuelven a casa cansados del trabajo. ¡Aquéllos que tienen la suerte de tener trabajo!…” “es más difícil para los padres separados, a quienes les pesa esta condición: pobres, han tenido dificultades, se han separado…”

En el próximo artículo veremos algunos consejos prácticos para que los papás puedan aplicar en su familia y de esta manera poder hacer más llevadero el golpe de la separación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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