Cultura Bíblica: Los viñadores homicidas

Mons. Salvador Martínez Ávila

En el presente artículo abordaremos la relación de la parábola de los viñadores homicidas con los textos que le rodean dentro del contexto del ministerio de Jesús en Jerusalén. Profundizaremos también el alcance teológico eclesial de la frase “les será quitado el Reino para darlo a otro pueblo que rinda sus frutos”.

 

Las acciones simbólicas de Jesús, así como las palabras más fuertes, están condensadas en su ministerio en Jerusalén. Esta etapa inicia con su entrada en Jerusalén (Mt 21,1-11). La parábola de hoy es una acusación en forma de comparación contra las autoridades y contra todo el pueblo en su conjunto por no cumplir con el cometido para el cual fue constituido el pueblo de la Antigua Alianza. La construcción de la parábola nos hace pensar que en un primer término las autoridades están representadas por los administradores malvados y homicidas. Pero la conclusión de la parábola, donde queda involucrado todo el pueblo, abre el horizonte.

Todo el capítulo 23, por ejemplo, es una serie de juicios en contra de la hipocresía de los escribas y fariseos, y en varias ocasiones, a lo largo de esta parte del Evangelio, el evangelista nos advierte de las palabras de Jesús anunciando su propia pasión y muerte (cfr. Mt 20,17-18 26,1). Sin embargo, también hay pasajes donde el Señor incluye a todo el pueblo, como por ejemplo, el episodio de la higuera estéril y seca por la palabra de Jesús (Mt 21,18-22) o la parábola de los invitados al banquete nupcial (Mt 22,8) donde los primeros convidados recusaron la invitación y entonces fueron descalificados totalmente.

Entonces podemos comprender lo que ya los profetas habían comprendido y anunciado desde sus oráculos. Que el pueblo en su conjunto era el portador de la salvación para todos los pueblos, pero se había perdido la brújula convirtiéndose en antagonistas de Dios. El ejemplo más claro de esta situación la vemos en el profeta Jonás donde se nos presenta al profeta reacio a cumplir con el mandato del Señor y después de haber cumplido su misión de llamar a la conversión a los ninivitas, ante la gran conversión de ellos, se enojó con Dios por ser tan misericordioso, que les perdonó de la catástrofe.

El acento de nuestra parábola no descansa en la acusación de haber matado al hijo del dueño, símbolo de la responsabilidad del pueblo hebreo por la muerte de Jesús, sino en la falta de responsabilidad por no haber dado los frutos esperados. Así pues, nuestro pasaje abre el horizonte de la Nueva Alianza y el Nuevo Pueblo de Dios a quien se le entrega la responsabilidad de fructificar para la salvación.

Hablar del poder de las llaves en la Iglesia no es ningún privilegio, sino de una grave responsabilidad que recae sobre todo bautizado, a saber, la de ser portador del mensaje de la salvación por la fe en Jesucristo. La llamada a la Nueva Evangelización es real y urgente, para evitar caer en la misma actitud del pueblo de la Antigua Alianza, es decir, no dar los frutos esperados.