Cultura Bíblica: Juicio final, ¿aceptados o rechazados?

Mons. Salvador Martínez

 

En esta festividad de Cristo Rey del Universo leeremos del evangelio de san Mateo el discurso del juicio final. A propósito de éste comentaremos los tres títulos que aparecen referidos a Nuestro Señor Jesucristo a lo largo del discurso y sus implicaciones. Además comentaremos el criterio de juicio para resultar aceptado o rechazado en este juicio final.


El autor del discurso sobre el juicio final es Nuestro Señor Jesucristo. En él habla del juez que presidirá este acto usando tres títulos distintos.

El primer título es “Hijo del Hombre”, este primer título sirve para vincular este discurso con el resto de las parábolas y palabras que conforman el gran sermón escatológico (Mt 24,1-25,46). El título de “Hijo del hombre” fue usado por Nuestro Señor para referirse a sí mismo. La prueba más importante de que el título se refiere a sí mismo es el primer anuncio en el cual se usa el discurso indirecto: “comenzó a decirles que era necesario que él subiera a Jerusalén y padeciera…”. En cambio, en los otros dos anuncios (Mt 17,22; 20,18) usó el discurso directo evitando el “yo” y poniendo el título “Hijo del Hombre” en su lugar. Este título es usado para hablar de su partida y su regreso como lo vemos en Mt 24,37 “así será la venida del Hijo del Hombre…” o en Mt 24,30 “entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y se golpearán el pecho todas las razas de la tierra  y verán venir al Hijo del Hombre”. Este título remarca la condición humana de Jesucristo.

El segundo título usado en el discurso del juicio final es el de “Rey”: “Entonces dirá el Rey a los de su derecha…” (Mt 25,34), este Rey no es el Padre ni otro distinto al “Hijo del hombre” porque el Rey dice: “vengan benditos de mi Padre, a recibir la herencia del reino preparado…” Ya habíamos visto que el juez es llamado Hijo del hombre y ahora este mismo dicta la sentencia de bienvenida a los justos pero usa el título de Rey. Este título recalca el estatus máximo de poder con respecto a la humanidad, quien juzga lo hace en virtud de que puede salvar o absolver y en virtud de que puede condenar y aplicar el castigo merecido, este es el estatus de Cristo como Rey, dentro del relato del juicio final.

El tercer título es de “Señor”, es usado por aquéllos que fueron juzgados y recibieron sentencias tanto positivas como negativas llaman al “Hijo del hombre” y al “Rey”: “Señor”. Este título revela la condición de subordinación de todos con respecto al juez, es decir, a Jesucristo. San Pablo en su célebre himno de la Carta a los Filipenses (2,6-11) al hablar de la exaltación de Cristo después de la muerte dice: “para que todo en el cielo y en la tierra proclame que Jesús es ‘Señor’ para gloria de Dios Padre”. Sin embargo, el valor sorpresivo para todos radica en el criterio usado por el Señor para distinguir entre justos y pecadores. Este criterio es el “haber hecho” o “haber dejado de hacer a uno de mis hermanos más pequeños”.

En resumen el beneficio realizado al prójimo es un beneficio equivalente a habérselo hecho directamente a Cristo, es decir, al Rey y Señor. Como podemos notarlo el criterio del Señor Jesús es diametralmente opuesto al modo de obrar de los sistemas gubernamentales actuales. Los primeros beneficiarios en el Reino de Dios son los pequeños, en cambio actualmente los máximos beneficiarios son los grandes y poderosos.

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