Cultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez Ávila

En el artículo de este domingo, tan especial por ser la víspera de la Navidad, comentaremos la estructura de la narración de la visitación del arcángel Gabriel a la Virgen María, y profundizaremos sobre los títulos que el ángel da a Jesús.


El relato de la anunciación del Arcángel Gabriel a la Virgen María puede dividirse en dos partes: la primera de ellas es aquella en la que el ángel lleva la iniciativa (versículos 26 al 33) y la segunda, aquella en la que la Virgen lleva la iniciativa (versículos 34 al 38). En la primera parte prácticamente sólo habla en ángel y se mencionan las reacciones de la Virgen María. Desde el punto de vista del contenido tenemos dos temas: el primero de ellos se refiere a las características de María, a saber, es llena de gracia, el Señor está con ella, y ha hallado gracia delante de Dios. El segundo tema se refiere a la misión que Dios le ha encomendado, es decir, que ella será la madre de un Hijo, a quien le pondrá el nombre de Jesús. Las características que se le atribuyen a Jesús en esta parte de la anunciación son: será grande, se le llamará Hijo del Altísimo, y Dios le entregará el trono de David su padre. La segunda parte del relato inicia con la pregunta de la Virgen: “¿Cómo podrá ser esto…?”, a lo que responde el ángel con una explicación, más títulos del Hijo y la señal. Concluye la escena con la aceptación de María y la partida del ángel. Los títulos que se le dan a Jesús en la segunda intervención de San Gabriel son: será santo, se le llamará Hijo de Dios.

Si miramos el conjunto de títulos podemos agruparlos por lo que el Mesías será, y aquellos títulos con los que será llamado. Jesús será grande y santo. En la época antigua el título magnus se le había dado a Alejandro, el gran conquistador Macedonio; al más antiguo Herodes constructor del Templo de Jerusalén. Jesús magnus no lo fue durante sus días en esta tierra, sino por su resurrección, como lo expresa san Pablo en el himno de Filipenses: “le dio el nombre que está sobre todo nombre en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra”.

La santidad de Jesús, por lo que nos dice el mismo relato de la anunciación, se refiere a su origen divino, fue encarnado por obra del Espíritu Santo. Ahora pasemos a los títulos por los que será llamado: será llamado Hijo del Altísimo e Hijo de Dios. Ambos títulos son equivalentes; sin embargo, entre ellos sí podemos observar cierta gradación. En uno de los salmos dice: “aunque sean ustedes hijos del altísimo todos, morirán como cualquier hombre”, el destinatario de estas frases son los reyes. En culturas mediorientales como Egipto y Babilonia los gobernantes, una vez entronizados, eran considerados divinos, así el salmista introduce una visión crítica sobre esa supuesta “divinización”.

En cambio el título de Hijo de Dios proviene del origen divino atribuido a Jesús desde la eternidad. No se dice que Jesús sea hijo de Dios por adopción, sino que es Dios desde un principio. Por último, consideramos el don del reino de David su padre, que ejercerá por los siglos. Esto confirma sin lugar a dudas el estatus mesiánico de Jesús. María fue la madre del Hijo de Dios, mesías que por su obra de salvación es grande para la humanidad.

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