Cultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

El comentario de esta semana hará una comparación de esta parábola con su paralelo en el evangelio de San Lucas. Después comentaremos la importancia de la redención representada por el traje de bodas a la luz del libro del Apocalipsis de San Juan.

 

La parábola del Rey que hizo un banquete de bodas está presente en dos de los evangelios. El evangelio de San Lucas nos presenta esta parábola en el capítulo 14 versículos 16 al 24. El contexto de esta parábola dentro del Evangelio de san Lucas es la participación del Señor en un banquete en casa de uno de los jefes de los fariseos (cfr. 14,1).

Esta invitación se dio en el caminar de Jesús y los suyos hacia Jerusalén. En cambio el contexto donde nos presenta la parábola el día de hoy el evangelio de San Mateo es entre las controversias de Jesús con los judíos en Jerusalén misma.

San Lucas dice que quien convocó al banquete fue un hombre, mientras San Mateo dice que fue un rey. San Lucas hace hincapié en las distintas excusas que presentaron los primeros invitados, en cambio San Mateo remarca la insistencia del Rey para convencer a sus invitados y la respuesta violenta que recibieron sus segundos enviados.

Ambos evangelistas nos informan sobre el llamado en las plazas y calles e incluso hasta en los caminos. La convocatoria es a enfermos y sanos, buenos y malos. San Lucas nos habla de un segundo envío puesto que todavía había sitio en la sala del banquete.

San Mateo expresa la determinación del rey de dejar fuera del banquete a los primeros invitados al igual que San Lucas nos propone la misma determinación como conclusión de la parábola. Sin embargo, San Mateo nos otorga una conclusión desconcertante porque nos narra que el rey encontró en la sala del banquete a un hombre sin traje de fiesta y entonces lo hace maniatar y echar fuera.

La conclusión de la parábola en San Mateo toma, entonces, un giro del todo inesperado. Para comprender la simbología que está en el trasfondo de la parábola es necesario recordar que cuando Adán y Eva pecaron, nos dice el Génesis (Gn 3,8-11) que tuvieron vergüenza de que Dios los viera porque se encontraban desnudos.

La vergüenza por la desnudez, a partir de este pasaje se toma como símbolo de la condición pecadora del hombre. La redención por el contrario le otorga a la persona una vestidura que lo hace digno de presentarse ante Dios o ante Cristo resucitado, así lo vemos en el simbolismo del encuentro entre Jesús resucitado y Pedro en la pesca milagrosa.

Nos dice el evangelista que antes de ir Pedro al encuentro del Señor se vistió porque estaba desnudo (Cfr. Jn 21,7). Pero el testimonio más elocuente sobre el vestido como signo de la redención del pecado lo encontramos en el Apocalipsis de San Juan donde se explica que “estos con las vestiduras blancas son los que fueron lavados por la sangre del cordero” (Ap 7,14). Por tanto, la referencia al hombre carente de los vestidos de fiesta nos indica que el ingreso al banquete del Reino exige la redención y la conversión.

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