¡Cuidado!, tú puedes ser aporofóbico y aún no lo sabes

  • Para curar esta enfermedad, el tratamiento no puede ser farmacológico, sino educativo, con programas que fomenten el respeto a la dignidad de cada ser humano.

 

Abimael César Juárez

La palabra aporofobia se deriva de la unión de dos términos griegos: á-poros, que significa “sin recursos”, y fobos, que significa “miedo”. Se trata de un término acuñado apenas el año pasado por la filósofa Adela Cortina, de la Universidad de Valencia, España, para darle nombre al “odio o rechazo a los pobres”, un mal de la sociedad actual.

En entrevista para Desde la fe, la doctora Karla Chávez Mendoza, psicoterapeuta clínica y comunitaria, coordinadora de la clínica Reparare en la Universidad Anáhuac, asegura que en la actualidad, las personas viven distraídas con las nuevas tecnologías, lo que no les permite ver una de las caras de la violencia que presentan los medios de comunicación, la cual tiene que ver con la muerte de personas por hambre o hipotermia, o con la miseria de millones de seres humanos que viven en las calles y que no cuentan con los elementos básicos para su subsistencia.

La especialista explicó que en la Ciudad de México transitan por las calles infinidad de indígenas, inmigrantes, adultos mayores, discapacitados, niños, y un sinfín de personas que, por diversas circunstancias, han hecho de la mendicidad su modus vivendi. “Esto es el resultado de la corrupción de una sociedad que desprecia a los que han fracasado en la vida, y eso se ha vuelto un mal patológico. Para muchas personas, el pobre llega a romperles su comodidad, porque necesita trabajo o seguridad social. Vivimos en una sociedad que se ha acomodado y, por lo tanto, molestan los pobres”.

La palabra aporofobia –detalló–  en primer lugar, tiene que ver con la tendencia natural de clasificar y rechazar al diferente para poder sobrevivir como especie, pero también con esa inequidad social fomentada por los medios masivos y las instituciones sociales, que son las que dan pie y mantienen las estructuras de poder actuales, porque contribuyen a mantener los estereotipos y los prejuicios ante la representación fenotípica de la pobreza, sobre la manera de vestir, el color de piel, los usos y costumbres y las formas de hablar, que dejan aisladas a las personas que viven en situación de pobreza.

 

¿Cómo detectar la aporofobia?

Para la psicoterapeuta, se puede saber que una persona es aporofóbica cuando tiene actitudes o hace comentarios de rechazo, groseros y humillantes, basados en esquemas, creencias y prejuicios irracionales, que muchas veces ya están estereotipados, como cuando decimos que ‘una persona es pobre porque es floja’, sin analizar su situación. “Eso mantiene en el individuo una actitud de rechazo y marginación en contra de dichas personas a las que percibimos como inferiores; quienes lo hacen, suelen ser las últimas personas en notar lo disfuncional de su conducta; no se pueden justificar las actitudes de superioridad y las conductas que mantienen la inequidad”. También señaló que el hecho de que haya una tendencia a la aporofobia, no significa que la persona vaya a estar predeterminada”.

Explicó que, a pesar de que el sufijo “fobia” pareciera indicar un padecimiento, ésta no se diagnostica de modo individual en un contexto de salud mental, sino social. “Se trata de manifestaciones afectivas, como repudio, asco o rechazo, o conductuales, como bromas, comentarios o agresiones de forma abierta, ya sea de manera individual o en grupo.

La especialista considera que se actúa más por miedo que por otra cosa, y por lo tanto, el tratamiento no puede ser individual ni farmacológico, sino educativo, con programas que fomenten el respeto a la dignidad de cada ser humano”.

Explicó que, para erradicarla, lo que se tiene que hacer es promover el trabajo autogestivo en las personas que han tenido que recurrir a la mendicidad como medio de sobrevivencia; y en lo social, hay que impulsar el aprecio a lo que merece la pena, más que actuar por miedo.

“Es muy empobrecedor para la sociedad emitir mensajes escudados en el anonimato, que siembran el odio porque destruyen al propio ser humano; la gente habitualmente tiene tendencia a abrirse, acoger, pero desgraciadamente en una situación de crisis, la misma gente ya no acepta dejarse invadir por los otros, porque tiene miedo a que les quiten cosas. Por eso, en un mundo donde hay pobres y ricos, Dios está apostando por los pobres; una sociedad no puede considerarse cristiana o civilizada cuando en su seno se producen desigualdades como está”.

En este sentido, reconoció que la Iglesia Católica, bajo la dirección del Papa Francisco, ha promovido mucho la concientización, el acercamiento y el apoyo a las personas que viven en situación de pobreza y marginación.