Cristo Rey y el Año Litúrgico

P. Sergio G. Román

Culmen del año litúrgico

El pueblo de Dios, la Iglesia, celebra su historia de la salvación cada domingo en la santa Misa. A lo largo del año recordamos los momentos más importantes de la relación de Dios con los hombres a través del tiempo.

El Año Litúrgico es, pues, la celebración de los momentos más importantes de la historia de la salvación.

 

Tiempo de Navidad

El año litúrgico comienza con el Adviento, preparación de cuatro semanas para la Navidad; en este tiempo se nos invita a la oración, a las obras de caridad y a la austeridad. El color morado es el propio de las vestiduras sacerdotales durante el Adviento.

La Navidad es el 25 de diciembre, fecha convencional en la que celebramos el nacimiento de Jesús nuestro Salvador. Este tiempo es de fiesta y se prolonga hasta la Epifanía, alrededor del 6 de enero. El color propio es el blanco.

 

Tiempo Ordinario

Después de la Navidad viene el Tiempo Ordinario, de color verde, en el que celebramos algunos aspectos de la vida de Cristo y de nuestra fe católica.

Este tiempo se interrumpe con el tiempo pascual y se reanuda después de la fiesta de Pentecostés, hasta culminar con la fiesta de Cristo Rey. Son 34 domingos.

 

Tiempo Pascual

La Pascua se prepara con cuarenta días de oración, mortificación y limosna que se inician con el Miércoles de Ceniza. El color de la Cuaresma es el morado.

La Semana Santa recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

El domingo de Resurrección da inicio a la fiesta de la Pascua que dura 50 días, y tiene su plenitud en la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. El color de la Pascua es el blanco.

 

Calendario Litúrgico

A lo largo del año, cada día, celebramos también a la Virgen María y a los Santos. El blanco es el color propio de estas fiestas, pero los mártires tienen su propio color: el rojo.

 

La fiesta de Cristo Rey

Con esta fiesta celebramos el final esperado de nuestra historia de la salvación: el triunfo definitivo del reino de Cristo Jesús sobre este mundo y el advenimiento del reino de los cielos.

Celebrar esta fiesta significa para nosotros que sobre las preocupaciones legítimas de esta vida, Cristo debe tener para nosotros el lugar privilegiado.

El es el Rey que gobierna nuestra vida con su ley de amor.