¿Cómo vivir las fiestas decembrinas cuando hay luto en la familia?

  • El P. Genaro Chávez, quien ha venido acompañando a los familiares de los niños del Colegio Rébsamen, habla para Desde la fe sobre este tema tan sensible.

 

Abimael César Juárez

Lamentablemente, el año que termina estuvo marcado por inundaciones y terremotos que enlutaron al país por los cientos de víctimas de las catástrofes, entre las que se contaron varios niños; los familiares ahora vivirán unas fiestas decembrinas con el pesar de sus ausencias. ¿Qué hacer frente a esto? Sobre el tema, Desde la fe platicó con el P. Genaro Chávez Vázquez, párroco de la Iglesia del Carmen y San José, quien desde el 19-S hasta la fecha ha venido acompañando espiritualmente a los familiares de los niños del Colegio Enrique Rébsamen que perdieron la vida bajo los escombros del edificio.

Al respecto, explica que particularmente estas fechas son difíciles para todo aquél que pierde a un familiar en el transcurso del año, por lo que lo primero y más importante es seguir la vida con la fortaleza de la fe y la esperanza cristianas, agradeciendo a Dios los momentos que pudieron disfrutar con la persona ausente. “Para esto, es muy importante fortalecer la fe a través de los ritos de la liturgia, en los sacramentos, que nos hacen palpable el misterio de Dios”.

El P. Genaro Chávez asegura que otra de las cosas importantes es pedir a Dios por nuestros difuntos, como la Iglesia acostumbra en un espíritu cristiano, para que Él los tenga en su santa gloria; “y a nuestros difuntos, pedirles que intercedan ante Dios por nosotros, que seguimos en este peregrinar. Todo lo que hagamos debemos hacerlo con la certeza de que, cumpliendo los mandamientos del Señor, nos volveremos a encontrar con ellos en su bendita presencia”.

En cuanto a lo que se debe hacer en estas fiestas decembrinas, explicó que, para mitigar el dolor, es preciso hacer lo que para la persona ausente era significativo, pues de esta manera se asume que ella está en la presencia de Dios. “Esto desvanece los sentimientos de ira, frustración, tristeza y amargura, porque a través del recuerdo hacemos que de alguna manera siga con nosotros; lo hacemos como un memorial de su vida, de lo que para nosotros significó su presencia. Siempre será difícil atravesar y superar una pérdida, pero enfrentarla es mucho mejor que encerrarse, apartarse de la familia o atormentarse con sentimientos de culpa”.

El P. Genaro Chávez advierte que para los deudos siempre es peligroso seguir sugerencias de personas que, por ignorancia, intentan bloquear su proceso de duelo. “Hay quienes aconsejan tratar de alejar el recuerdo, o reprimir el llanto, o evitar hablar de la persona que ha partido; incluso, hay quienes sugieren tirar sus cosas para que ésta pueda ir a descansar. Si mantenemos sus pertenencias, su recuerdo, si hablamos de ella, es falso que no la estemos dejando ir a descansar. Llorar, recordarla, decir su nombre, hacer lo que le hubiera gustado, es algo reparador. Es preciso hacerlo cuantas veces se sienta la necesidad, para empezar a superar el dolor”.  

Explicó que, tras esto, viene otra etapa en la que nos acostumbramos a vivir con la ausencia, tanto que de pronto pareciera que nos vamos olvidando de ese ser tan querido, pero lo que realmente sucede es que el recuerdo se suaviza. “Siempre recordaremos a la persona, ese recuerdo se volverá parte de nosotros, por lo que nunca debemos dejar de agradecer a Dios por habernos permitido conocerla, por habernos permitido convivir y pasar momentos gratos y entrañables junto a ella”.

Finalmente, señaló que los sacerdotes deben dejar en claro a los deudos que lo que la Iglesia asegura sobre la vida eterna no está apoyado sólo en una doctrina, sino en un dogma de fe como es la Resurrección, en la promesa de Jesús, quien dice: ‘El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá para siempre’. “Para los familiares de las víctimas no hay nada más reparador que reflexionar en esas palabras, que el Evangelio confirma cuando Jesús le asegura al ladrón que estará junto a Él ese mismo día en el Paraíso. No se nos pide otra cosa, sino recordar el día de la muerte de ese ser querido como la fecha de su nacimiento al cielo”.