Cielo y Tierra: En tu Primera Comunión

  • Hoy es tu Primera Comunión, ¡no dejes que sea la única! Pide que te lleven a Misa, no faltes los domingos, no dejes nunca de ir al encuentro de Jesús, de quererlo, de caminar por la vida con tu mano en Su mano.

Alejandra María Sosa Elízaga

En mi parroquia se celebraba una Misa de Primera Comunión. Me dio ternura ver a las niñas y niños vestidos de blanco entrar todos emocionados, pero también lamenté que se distraían con mil cosas, que si el vestido, el trajecito, el velo, la vela, que si posar para el papá o padrino imprudente que a media Misa se paraba, celular en mano, a tomar fotos.

Me dio pena que en un momento tan especial, hubiera tantas distracciones, tantas tentaciones para poner la atención no en lo importante, sino en lo superficial.

Y como hace su Primera Comunión una nena que conozco, llamada Atzilh, que es muy piadosa y se ha preparado muy bien porque Flor, su mamá, se ha ocupado de instruirla, no sólo de llevarla al catecismo, se me ocurrió escribirle esta carta, y aunque va dirigida a ella, también la quiero dedicar a todos los niños y niñas que por primera vez van a comulgar:

¡Felicidades! ¡Por fin llegó ese día que has esperado tanto, de tu Primera Comunión!

Y tal vez te parezca una meta alcanzada, un final, porque coincide con la terminación del catecismo y del ciclo escolar. Pero es un principio, en realidad, es el primer día del resto de una vida feliz, en la que no conocerás la soledad, porque a tu lado tendrás siempre un Amigo que nunca te abandonará.

A lo largo de toda tu existencia, vas a conocer mucha gente, a tener muchos amigos, pero ninguno como Jesús. Él es el más bueno, el más fiel, el que te conoce como nadie, y te ama más que nadie y sin condiciones; el Hijo de Dios, que dio Su vida para salvarte del pecado y de la muerte, el que estará a tu lado, pase lo que pase, sosteniéndote y llenándote de bendiciones.

No dejes que nada te distraiga, ¡ponle atención! Como ya sabes, cuando el sacerdote invoque al Espíritu Santo sobre el pan y el vino, sucederá algo extraordinario: conservarán su apariencia, pero se transformarán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. ¡Dios se hace presente en el altar! Y en este día tan especial lo hace por ti, porque te quiere abrazar, te quiere hablar, quiere entregarse a ti en la Comunión. Ábrele tu corazón, invítalo a entrar. Él busca tu amistad. Puedes poner toda tu confianza en Él, porque nunca te va a fallar. Platícale tus cosas, pídele lo que necesitas. Puedes tener la seguridad de que te lo cumplirá si te conviene, y jamás te olvides de agradecerle.

Cuando comulgues y regreses a tu lugar, cierra los ojos, dale la bienvenida a Jesús, que ha venido a tu interior, disfruta Su presencia, déjalo llenarte de Su amor.

Hoy es tu Primera Comunión, ¡no dejes que sea la única! Pide que te lleven a Misa, no faltes los domingos, no dejes nunca de ir al encuentro de Jesús, de quererlo, de caminar por la vida con tu mano en Su mano. En tus alegrías, acude a Él, en tus tristezas, acude a Él. Sólo Él puede librarte de toda dificultad o darte la fuerza para que la puedas superar.

Y no te conformes con lo que aprendiste en el catecismo. ¡Hay tanto que aprender, tanto que conocer! Perteneces a la única Iglesia que Jesús fundó, conócela, ámala, defiéndela, aprovecha su sabiduría, y vive sus enseñanzas, porque son camino cierto para llegar al cielo.

Tal vez a lo largo de tu existencia conocerás personas que te querrán alejar de Jesús, que te invitarán a buscarlo donde no esté. No lo permitas, no te apartes nunca de Él. Él tiene ya en tu alma un lugar, que nadie ni nada podrá llenar. Encomiéndate a Su Madre, la Virgen María. Pídele que te preste su corazón para amar a Jesús como Ella lo ama y cumplir siempre Su voluntad con prontitud, alegría y humildad.

De nuevo ¡muchas felicidades! ¡Qué maravilloso regalo! ¡Jesús te ha invitado a disfrutar el resto de tu vida a Su lado!