Centroáfrica, entre conflictos interminables

  • El P. Ricardo Andrade, misionero comboniano en dicha nación, refiere que 14 grupos armados luchan por el poder en este país.

 

Vladimir Alcántara

El 13 de agosto de 1960, la República Centroafricana obtuvo su independencia de Francia, y desde entonces el país ha tenido diez gobiernos, de los cuales siete han sido por golpe de Estado, dato que da para imaginar la cantidad de masacres que se han registrado en esta nación, así como el caos social en el que ha quedado sumergida, de acuerdo con lo expresado por el P. Ricardo Andrade, sacerdote mexicano, de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, quien lleva ya tres años a cargo de una parroquia en la ciudad de Bandoro. En entrevista para Desde la fe, el religioso ofrece detalles sobre la difícil situación por la que atraviesa este país de África.

Refiere que el último golpe de Estado –que tuvo lugar el 13 de marzo de 2013, luego de que al entonces Presidente, Michel Djotodia, se le desbordara el país–, dejó a Centroáfrica en una situación caótica, pues el derrocamiento fue realizado por grupos armados, de los cuales se tiene un repertorio de 14, mismos que ahora luchan por el control. “El Presidente Djotodia, que era de filo musulmán, llegó al poder con el apoyo de la coalición rebelde Séléka; pero no supo controlar a sus fuerzas de seguridad, que empezaron a ir a las casas de los cristianos, católicos o protestantes, para saquearlas, violar a las mujeres y matar a los hombres. Esto originó una revuelta de autodefensas, llamadas anti-balaka, que hicieron frente a los Séleka, y quedaron así conformados esos grupos armados”.

El P. Andrade explica que, tras el derrocamiento del Presidente Djotodia, hubo un gobierno de transición que organizó los comicios electorales, de los cuales resultó electo un Presidente protestante, Faustin-Archange Touadéra, quien ocupa el cargo desde hace dos años, pero su gobierno es sumamente débil, ya que el ejército se dispersó con la salida del mandatario anterior. “Cundo Tuadéra andaba en campaña para la Presidencia, prometía que su primera acción sería desarmar a estos grupos; pero ya pasaron dos años y todo sigue igual, no ha habido ninguna acción calificada de desarme”.

Explica que, además, ahora a la violencia interna se suma la ejercida desde el extranjero, ya que de unos años para acá se han hecho estudios, y se ha encontrado que el país es muy rico en recursos naturales, lo que ha despertado la ambición del exterior. “Entre otras cosas, se han descubierto diamantes, oro, petróleo y maderas preciosas, en un país que es como la tercera parte de México, pero donde la población no llega ni a cinco millones de habitantes, de manera que proporcionalmente los centroafricanos son dueños de muchísimos recursos naturales que no se han explotado, y de los cuales diversos países se quieren apropiar”.

Refiere que en Centroáfrica actualmente hay unos diez mil soldados de Naciones Unidas, de los llamados “Cascos Azules”; sin embargo, eso no significa que la población viva en paz. “Además hay algo que no se puede comprender: la ONU manda a Centroáfrica soldados de diferentes países, como Bangladesh, Pakistán o Marruecos, que son mayoritariamente musulmanes, y éstos con frecuencia, en lugar de apoyar debidamente a la población, van a camuflar abusos de los grupos musulmanes”.

El sacerdote, originario de Zitácuaro, Michoacán, explica que la parroquia –en la que se encuentran dos padres italianos y él–, tiene unos 20 pueblos a su cargo, todos en condiciones verdaderamente precarias. “Debo decir que la parte más álgida del conflicto ocurrió entre los años 2012 y 2014, poco antes de que yo llegara a Centroáfrica. Así que a los sacerdotes anteriores les tocó lo peor. En el comedor de la parroquia mataron a seis personas, y en el patio a otras tres. A un padre brasileño le aventaron una granada para intimidarlo, porque se resistió a sacar de la parroquia a unos jóvenes que querían asesinar. Pero el padre no cedió y les salvó la vida”.

Finalmente, el P. Ricardo Andrade señala que, aunque se han detenido un poco ese tipo de situaciones, la paz está muy lejana, y no se vislumbra ninguna salida a la situación que vive Centroáfrica, salvo que la comunidad internacional intervenga con un verdadero propósito de ayuda. “Por ahora, lo que tenemos es un gobierno débil, incapaz de desarmar a nadie, así como la injerencia de fuerzas armadas extranjeras, que nada más velan por sus propios intereses, principalmente Francia”.