Carta al Emmo. Sr. Norberto Cardenal Rivera Carrera

Padre y pastor de nuestra amada Arquidiócesis Primada de México

 

¡Qué profunda riqueza, sabiduría y conocimiento el de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios y qué insondables sus caminos! (Rm 11,33)

Las palabras del Apóstol de los Gentiles expresan, de forma elocuente, el asombro que generan los designios divinos. El Señor va tejiendo la historia con sutiles y delicadas fibras, y la conduce por caminos intrincados, sorteando los entramados de lo que se antoja una bizarra y compleja geografía.

Entre el camino hacia Damasco y el camino hacia Roma acontece lo impensable. El propio Estrabón habría quedado pasmado al imaginar una confluencia de rutas, en apariencia tan distantes y ajenas. Pero la geografía de Dios es otra. Es aquella donde no sólo el levante alcanza y encuentra al ocaso, sino que los senderos se conjugan, se trastocan y se funden de manera insólita e inesperada. Lo acontecido en el camino hacia Damasco alcanza su corona en la gran ciudad capital del Imperio, donde el Apóstol debía llegar, para consumar el testimonio de una fe, otrora incipiente, mas ahora ya madura. Frente a esta extraña y a la vez asombrosa geografía de lo divino, en cuyas coordenadas se va tejiendo la historia salvífica, no nos queda sino quitarnos las sandalias. Sólo con los pies descalzos y el corazón desnudo podemos manifestar genuina reverencia y, al mismo tiempo, enorme gratitud.

Reverencia y gratitud son las que hoy queremos expresar al Señor de la vida y de la historia, por sus designios asombrosos e inescrutables. Porque Él, por su infinita sabiduría y en su intrincada geografía salvífica, quiso conducir a usted, Sr. Cardenal Norberto, por los caminos de la vida y de la historia. Encaminó sus pasos para llegar hasta aquí, y encomendar a su cayado pastoral esta comunidad creyente, la que usted ha venido guiando con solicitud paterna. La suma de muchos antes y después, superan ya dos décadas. Éstas testifican un cúmulo de empeños y esfuerzos denodados, un largo tiempo de servicio que trae a la memoria los años de trabajo fiel y diligente, que Jacob prestó en la casa de Labán (cf. Gn 31,38-41).

Así como el misionero de Tarso, impulsado por el Espíritu transitó por caminos diversos, por los que pregonó sin cansancio la Buena Nueva de Jesús resucitado, y llegó hasta la Capital romana, así también el mismo Espíritu de Dios, lo ha conducido a usted, Sr. Cardenal Norberto, por muchos y variados senderos. Él encaminó sus pasos, desde la profundidad de la Sierra Madre Occidental, hasta la enorme y desafiante capital de esta Nación mexicana. Él lo trajo a nuestra Arquidiócesis Primada, como a Fray Juan de Zumárraga, y a quienes lo han sucedido en el tiempo, para ser testigo del Evangelio y encarnar la caridad del Buen Pastor en esta tierra, especialmente bendecida por la presencia maternal y misionera de Santa María de Guadalupe.

Ésta, su grey amada, hoy no puede dejar de elevar hasta el cielo una alabanza con gratitud por el don de su persona y ministerio episcopal. Gracias Sr. Cardenal Norberto por sus luchas y desvelos en favor de nuestra Iglesia Particular, aunque éstos no sean siempre reconocidos, comprendidos y valorados. Gracias por estar dispuesto incluso a soportar, a pie firme, mordaces torbellinos de dardos y flechas letales, que se empeñan en oscurecer la Lumen Gentium, opacar su obra, atacar su persona y desestimar su labor pastoral.

Gracias por ser un Pastor, convencido desde el principio en impulsar el II Sínodo Arquidiocesano, ese faro que ha venido iluminando las acciones pastorales en una urbe tan enorme, compleja y multicultural. Gracias por fortalecer la estructuras eclesiales y abrir caminos de evangelización, que buscan hacer de ésta, una Iglesia en salida. Gracias por cuidar la formación de todos los agentes de pastoral. Por velar para que haya una sana administración de la Casa arquidiocesana. Gracias por confiar en nosotros, sus colaboradores, laicos, religiosas y religiosos, diáconos, presbíteros y, sobre todo en nosotros sus obispos auxiliares, sus amigos y hermanos. Ojalá nunca se sienta defraudado, ni se arrepienta de haber puesto en nosotros su confianza.

Nuestra oración agradecida sube como incienso a la presencia del Señor (cf. Sal 141,2), por el servicio y testimonio pastoral, que en nombre de Jesucristo, usted ha ejercido al frente de esta porción de su grey amada. Que el mismo que lo llamó y envió, lo fortalezca y acompañe siempre y que cada fracción de tiempo, bajo la mirada maternal de María de Guadalupe, siga siendo un kairós de Dios, en su vida y en su historia.

Y Cuando aparezca el Pastor Supremo, recibirán la corona de gloria que no se marchita. (1 Pe 5,4).

¡GRACIAS POR SIEMPRE, SEÑOR CARDENAL NORBERTO RIVERA CARRERA, PADRE, PASTOR, AMIGO Y HERMANO!

 

Sus Obispos Auxiliares:

+Florencio Armando Colín Cruz

+Carlos Briseño Arch

+Adolfo Miguel Castaño Fonseca

+Antonio Ortega Franco

+Jorge Estrada Solórzano

+Crispín Ojeda Márquez

+Jesús A. Lerma Nolasco

+Andrés Vargas Peña

Arquidiócesis Primada de México

31 de enero de 2018.

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