Cardenal Aguiar a sacerdotes: “Una Iglesia en comunión, para el servicio y formadora de discípulos”

  • En su mensaje al presbiterio, durante el Retiro de Cuaresma para Sacerdotes, el Arzobispo de México habló de la necesidad de una renovación constante de la Iglesia.

 

Abimael Juárez y Vladimir Alcántara

Durante su primera reunión con el presbiterio de la Arquidiócesis de México, que se dio en el marco del Retiro de Cuaresma para Sacerdotes 2018, el nuevo Arzobispo Primado, Card. Carlos Aguiar Retes, les dirigió un mensaje en torno a la renovación eclesial, fundamentada en tres características esenciales: tener comunión operativa, ser una Iglesia para el servicio y tener una mirada para formar discípulos de Cristo.

Dijo que su planteamiento de una renovación eclesial no significa que se estén haciendo mal las cosas, sino que la Iglesia necesita entrar en esa dinámica de análisis, reflexión y movimiento del Espíritu que se ha venido dando desde el Concilio Vaticano II, a fin de que pueda cumplir su misión en los contextos socioculturales en que nos toca vivir, sobre todo en este cambio de época. En este sentido, explicó que el cambio de época es una experiencia visualizada desde 1933 por el gran filósofo Ortega y Gasset, quien vislumbró un rompimiento de la cultura semejante al que se dio en el siglo XVI.

El Card. Aguiar Retes señaló que en este cambio de época, es necesario preservar los valores cristianos, por lo que se requiere lograr una enorme sinergia entre todas las instituciones, religiosas o educativas, con inspiración cristiana, y con los movimientos juveniles, “pues ellos están hambrientos por saber qué tienen que hacer en las circunstancias actuales”.

En cuanto a la primera característica para la renovación de la Iglesia, la comunión operativa, señaló que no basta con que nuestra comunión sea afectiva; es decir, que si bien nos queremos, nos cuidamos, nos protegemos y nos ayudamos, también es necesario que en nuestro actuar tengamos esa vinculación de comunión, para que lo que se hace de forma dispersa pueda encontrar un flujo y hacerse fortaleza. “Yo siempre pongo como ejemplo el tema del océano, que tiene vida, en gran medida porque lo llenan afluentes de agua dulce a través de los ríos, y se hace esta generación de cambio entre las aguas de mar que se evaporan, lluvias pasan por la tierra y bajan; hay dinamismos internos que permiten la creación de vegetales, peces, vida en medio de él. Si fuera un estanque, el agua se pudriría, no tendría vida”.

De esta manera –dijo–, cuando nosotros hacemos una comunión operativa, generamos esas posibles corrientes internas dentro del mar de nuestra multitud de nueve millones de personas que tenemos aquí en la Ciudad de México, y entonces esas corrientes se convierten en vida.

En lo que respecta a la segunda característica, la de contar con una Iglesia para servir, señaló que ante las problemáticas sociales no nos podemos refugiar en los rincones de nuestros templos, donde nos sentimos más protegidos, para defendernos de maremotos como el de la violencia o los asesinatos. “La Iglesia no puede quedarse escondida… Ya llegó el reino de Dios, está en medio de nosotros. ¿Qué nos hace falta? ¿Metanoia? ¿Conversión? Necesitamos sabernos hijos de una Iglesia que no se busca así misma, sino que busca servir. Por eso el Papa habla de una Iglesia en salida, en busca de los otros, no sólo de forma discursiva, sino operativa, que ejerza acciones de comunión”.

En lo tocante a la tercera característica, en el sentido de tener una mirada para formar discípulos de Cristo, señaló que si bien todavía el 84 por ciento de los mexicanos se confiesan católico, es necesario hacer que esos feligreses que asisten a la Iglesia en busca de servicios religiosos con el fin de mantener su espiritualidad, pasen ahora a formar comunidades de discípulos de Cristo; de lo contrario, no podremos afrontar cabalmente el cambio de época. “¿Qué podemos hacer para dar este paso? Debemos anunciar la Palabra de Dios. El Papa nos lo ha dicho claramente en Evangelii Gaudium: sacerdotes, preparen su homilía; diez minutos bastan, pero céntrense en dar a conocer la Palabra de Dios; dejemos las exhortaciones morales a un lado, centrémonos en lo que es el anuncio que alegra el corazón, el anuncio que puede producir esa hambre y sed de conocer a Jesucristo”.