Card. Rivera: “Sólo en el Crucificado se puede encontrar sentido a la enfermedad”

  • Durante la celebración de la Misa anual de los enfermos, el Arzobispo de México dijo que no sólo estos sufren la enfermedad, sino también toda la gente de su alrededor, por la que también pidió.

 

Vladimir Alcántara

Este 14 de octubre, un numeroso grupo de enfermos y ancianos llegó a la Basílica de Guadalupe en peregrinación, en compañía de voluntarios, médicos y enfermeras de la Orden de Malta-México, para poner en las manos de la Morenita del Tepeyac sus sufrimientos por la enfermedad. A su arribo a este recinto mariano, el Card. Norberto Rivera Carrera recibió a los peregrinos y presidió una Santa Eucaristía en la que dirigió al contingente unas palabras de aliento.

El Arzobispo de México señaló que en aquel tiempo Jesús curaba a los enfermos de toda clase de padecimientos, pero no sólo en aquél tiempo, sino también hoy. “Hoy se sigue haciendo presente en medio de nosotros, y sigue haciendo maravillas; pero una cosa es muy clara: el Señor no vino a quitar la enfermedad del mundo, no vino a quitar el mal; vino a vencerlo, y lo vino a vencer tomando sobre sí todas nuestras debilidades”.

Dijo a los enfermos y ancianos presentes en el santuario que seguramente ha habido momentos en los que han sentido el rechazo de los demás, momentos en los que se han sentido solos. “En esos momentos has sentido esa soledad de Cristo Jesús, te sientes herido por Dios, abandonado por Él, y la única salida es la que tomó Cristo en el momento supremo de su vida, sabiendo que muchas cosas no las comprendía: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’; es esta la única manera de vencer la tentación cuando nos sentimos heridos, abandonados por Dios”.

El Arzobispo de México externó que mucha gente sintió exagerada la película “La Pasión”, de Mel Gibson, en cuanto a la crueldad con que en ésta se trata a Cristo; “sin embargo, si escuchamos la narración del profeta Isaías no podemos sino decir que el que hizo la película se quedó corto… Pero después de lo acontecido hace veinte siglos, sabemos nosotros que la Pasión del Señor no es el último capítulo, su muerte tremenda no es el final; el Señor ha sido glorificado y exaltado. Y ese es el sentido de nuestra enfermedad, de nuestros sufrimientos, a veces sufrimientos del cuerpo, pero también a veces sufrimiento espirituales, interiores, que nos hacen padecer mucho más que los dolores corporales. Nuestra seguridad es que vamos caminando junto con Cristo. ¡Tú, mi siervo; tú, mi hijo, vas a ser exaltado si te unes a la Pasión de Cristo”.

Dijo que sólo en Cristo se le puede encontrar sentido a todo aquello que no tiene sentido, a aquello que nos parece absurdo, a aquello que nos parece contradictorio. Explicó que al contemplar a Jesús crucificado, tenemos que centrarnos en su corazón traspasado, en ese corazón abierto de donde nació la Iglesia y los sacramentos; “de ahí también nace el amor de nuestros corazones, de ahí también nace esa fortaleza que nos transformará, esa fortaleza que dará sentido a nuestro sufrimiento… Sólo aquél que ha contemplado a Cristo Crucificado, que ha unido a Él sus padecimientos, puede encontrar sentido a éstos”.

El Card. Rivera señaló que no sólo quien tiene una enfermedad la sufre, sino también la gente de su alrededor, su familia, sus amigos. “También por ellos tenemos que pedir para que vean hacia el Crucificado y entiendan en Él el sentido de la enfermedad. ¡Cuántos médicos! ¡Cuántas enfermeras! ¡Cuántas personas dedicadas a estar cerca del hermano enfermo! ¡Cuántos voluntarios que deciden acercarse al sufrimiento de los enfermos!… Todo eso que hacen por el hermano enfermo, tendrá como recompensa la exaltación y glorificación”.

Finalmente, dijo que Jesús no fue solo a su Pasión, sino que ahí estuvo siempre María, su Madre y nuestra Madre; “la misma que nos contempla en este santuario, Santa María de Guadalupe, quien ha querido llegar a nuestras tierras para ser nuestro consuelo, para que pongamos en Ella nuestra esperanza; Ella siempre nos va a llevar hacia el Crucificado…”.

Al término de la Santa Misa, el Santísimo Sacramento fue colocado en la Custodia y llevado por el Card. Norberto Rivera Carrera en procesión por todo el interior de la Basílica para bendecir a los ancianos y enfermos.

 

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