Card. Iñiguez, contra el aborto, la ideología de género y la corrupción

  • “Miles de inocentes son asesinados constantemente en el vientre de su madre y, en contrapartida y castigo, el crimen organizado mata y descuartiza a sus víctimas de manera similar, como sucede con los niños en el seno materno”, dijo.
Abimael César Juárez
El pasado sábado 10 de diciembre tuvo lugar en el Estado Azul de la Ciudad de México un acto de desagravio presidido por el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo emérito de Guadalajara, quien en su homilía se pronunció contra la legalización del aborto, la ideología de género y la corrupción: “hacemos este acto de desagravio en vísperas de la fiesta de nuestra Señora la Virgen de Guadalupe, ReIna de México, y en tiempo de preparación para la venida del Señor; un acto en el que venimos a reconocer nuestros pecados delante del Señor y a pedirle misericordia y perdón”.
El cardenal Sandoval Íñiguez llamó a los mexicanos a reconocer que hemos pecado contra Dios con el crimen grave y cruel del aborto, practicado a lo largo y ancho del país, bajo el consentimiento de leyes “inicuas” y otras veces ocultamente con crueldad, alevosía y ventaja contra el inocente e indefenso: “miles de inocentes son asesinados constantemente en el vientre de su madre y, en contrapartida y castigo, el crimen organizado mata y descuartiza a sus víctimas de manera similar, como sucede con los niños en el seno materno”.
También dejó clara su postura ante la ideología de género, a la que calificó como perversa: “Hemos pecado, Señor, admitiendo y promoviendo la ideología de género, que con su paquete de perversiones atenta contra la familia y la vida, con la finalidad no confesada de arruinar a los pueblos, subyugarlos y saquearlos; sin moral ni familia –advirtió– nuestra patria no tiene futuro”.
Sobre este tema, refirió que en días pasados el gobierno de México votó en la ONU contra la familia y la vida, y a favor de los pretendidos derechos sexuales de los niños, sustrayéndolos a la autoridad de sus padres; pero aplaudió la decisión “más honesta y sensata” que han tomado otros gobiernos por la familia y la vida, los que reconocen la autoridad de los padres sobre sus hijos.
Por otra parte, afirmó que el gran pecado de nuestro país ha sido la corrupción de nosotros mismos y de las instituciones, que en la actualidad ha alcanzado niveles nunca antes vistos: “fabulosos saqueos de los recursos públicos, de los bienes de la nación, falta de justicia en los tribunales, complicidad con el crimen organizado, salarios de miseria, entre otros”.
Añadió que “la consecuencia inevitable de esta corrupción es el empobrecimiento de gran parte del pueblo mexicano y sus inevitables secuelas de hambre, ignorancia, enfermedad y muerte. ‘Perdona Señor que estemos tan lejos de guardar tus mandamientos, que nos harían vivir mejor si los guardáramos debidamente. Perdónanos, Padre de misericordia y bondad, pues pecamos mucho”.
Asimismo, lamentó que hoy la sociedad viva en un relativismo cómodo en el campo de la moral, sobre todo referente a la familia y a la vida, y no acepta que la Iglesia le enseñe, en nombre de Dios, verdades eternas absolutas y preceptos morales saludables e inquebrantables, sobre todo en materia sexual y de matrimonio. “Rechazamos a la Iglesia y su enseñanza de la que nos expresamos como dogmatista, anticuada y medieval. Cuando rechazamos a la Iglesia que nos predica en fidelidad el Evangelio de Cristo, rechazamos a Cristo el Señor, y a su Padre que lo envió” .
E Cardenal mexicano externó que los obispos y sacerdotes también son pecadores por la omisión, ante la pasividad y la indiferencia, que han mostrado. “No han sabido defender a las ovejas del lobo. Hemos sido mesurados, tímidos, o bien correctamente muy políticos”.
Consideró que esos pecados provocan correcciones paternales o castigos temporales, a través de la naturaleza, de Dios: “Señor y Dios nuestro, antes de que venga un castigo mayor, nos mandas castigos temporales o correcciones paternas por medio de la naturaleza que es obra tuya y está gobernada por tu providencia. ¿Serán pura casualidad dos 19 de septiembre en esta misma ciudad?”.
Previo a la homilía, Juan Sandoval envió un saludo al cardenal Norberto Rivera Carrera, administrador apostólico de la Arquidiócesis de México, a quien agradeció por permitirle celebrar la Misa en el acto de desagravio. “Qué Dios le pague y lo bendiga”.